CRITICA
UN CUENTO DE VERANO

Director: Andrzej Jakimowski

Interpretes: Damian Ul (Stefek), Ewelina Walendziak (Elka), Rafal Guzniczak (Jerzy), Tomasz Sapryk (padre), Iwona Fornalczyk (madre), Joanna Liszowska (Violka), Grzegorzg Stelmaszewski (el Turco), Simeone Matarelli (Leone).

Nacionalidad: Polonia

Año: 2007

Duración: 96 min.

Valoración: Adultos

Candidata por Polonia a los Oscar 2009, Cuento de verano llega a España por la puerta grande, aunque con dos años de retraso. Se trata de un sencillo relato sobre los misterios de la infancia. Dirigido por Andrzej Jakimowski (Squint Your Eyes, 2002) -otra multipremiada cinta- y protagonizado  por Damian Ul, Ewelina Walendziak, Rafal Guzniczak, Tomasz Sapryk, este segundo largometraje del joven y talentoso director polaco ha triunfado en todos los festivales de cine donde se ha presentado. Entre los galardones que ha cosechado, sobresalen los premios Label Europa Cinemas y Linterna Mágica de la Mostra de Venecia 2007.
Cuento de verano sigue los pasos del pequeño Stefek, de seis años, que en sus vacaciones estivales se enfrenta al destino, poniendo en marcha una cadena de sucesos que podrían ayudarle a acercarse a su padre, quien años atrás abandonó a su madre. El niño cree que su padre podría ser un hombre al que observa a menudo mientras espera el tren en la estación del pueblo. Su hermana Elka, de 17 años, le ayuda a aprender a sobornar a la suerte para manipular el destino, a través de coincidencias y pequeñas renuncias. De esta manera, Stefek alimenta la esperanza de que sus padres vuelvan a encontrarse. Pero pronto los trucos y casualidades se enfrentan con la realidad, y las cosas se complican.
El director polaco persigue la vitalidad intrínseca a lo cotidiano sin forzar la tensión o la torsión dramática. Un cuento de verano reposa sobre el esqueleto de una historia mínima, minúscula, desplegada como un fresco costumbrista de raíz minimalista. La vida transcurre frente a nuestros ojos preñada de historias aptas únicamente para los más observadores.
Y es que esta película que narra esas pequeñas cosas que en verdad son tan importantes, una fábula acerca de la recomposición familiar que esboza con ternura y sentido del humor el viaje de un hijo hacia su padre. Jakimowski se toma su tiempo, recreándose en la quietud perpetua del lugar en el que nunca pasa nada. A ratos su película camina dando tumbos, fotografiando el detalladísimo errar de unos y otros, incapaces de acabar nada de lo que empiezan o de poner un destino a su continuo movimiento.
Las reducidas dimensiones de la miniatura enfatizan la humanidad del relato, pero también la condicionan en exceso. Entre lo contemplativo, entre la anatomía de lo anecdótico y la fijación en el natural devenir de la vida, Jakimowski no siempre encuentra el equilibrio entre lo que quiere contar y aquello que la historia a voces necesita. Su pasmosa levedad puede espantar a más de uno, su continua deriva por el mundo cotidiano encalla no pocas veces bajo la amenaza del estancamiento y del tedio.
A pesar de todo hay en esta película destellos de romanticismo vital ciertamente conmovedores. La perspectiva seduce porque Jamikowski sabe combinar la mirada objetiva del mundo adulto con aquella otra subjetiva y no exenta de magia del pequeño protagonista. Mérito al director-guionista y al talentoso chaval que sostiene el peso de la historia.
Atentos a los actores, no profesionales, que desarrollan unas magníficas interpretaciones, y al emocionante desenlace..

Jose Luis Panero

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