|
Una película insólita. Lo
es por su manera veraz de
retratar la infancia, por esa extraña mezcla entre fantasía e
hiperrealismo y por la decisión de provocar emoción y no sólo contar
hechos.
Spike Jonze es el director
de la película Donde
viven los monstruos, adaptación a la gran pantalla del libro
infantil de
fantasía del mismo nombre, que cuenta la historia de Max, un niño que
se escapa de casa y se adentra en un misterioso bosque creado por su
imaginación. La película combina acción en vivo, actores en disfraces,
animatrónica e imágenes generadas por ordenador. Spike Jonze, director
de películas como Cómo ser John
Malkovich o Adaptation,
en Donde
Viven los Monstruos ha reunido mucho talento, ideas buenas,
diseño
brillante, y en general, se trata de un producto visualmente creativo,
original, como pocos, prácticamente ninguno, que se han visto esta
temporada.
El propio Jonze lo explica:
“para los monstruos
queríamos hacer unos personajes emocionalmente complicados. Por eso, lo
más
visceral, y lo más sutil, era optar por las diferentes técnicas que
utilizamos. Y, es interesante porque aunque sea un película sobre
monstruos, era una película sobre emociones. Siempre ha sido mi sueño
ver a estos enormes monstruos tener estas complejas interpretaciones.
Por ello, estoy muy satisfecho de haber utilizado estas técnicas
(digitales y muñecos)”. Encargó los muñecos a la compañía de Jim
Henson, el creador de los teleñecos, rodó con ellos en Australia y
luego los dotó de expresividad digitalmente. El resultado es físico y
misterioso al tiempo, y nos coloca de vuelta en el lado más salvaje de
la infancia.
Donde Viven los Monstruos es una
exploración de la
infancia desde la
mirada de los adultos. Y es una mirada profundamente psicológica,
oscura y muy incómoda. El film, adaptación del relato corto de Maurice
Sendak, es una crónica de la soledad e incluso la depresión infantil.
La que tiene Max, que ve cómo su madre soltera se ha echado nuevo
novio. Para el chaval, eso es la guinda de un día lleno de
frustraciones que termina con el pequeño huyendo de su casa, y
escapando a un reducto de su imaginación: una isla solitaria donde
habitan unas enormes criaturas peludas.
La primera vez que vemos a
Max, el pequeño está
corriendo por la casa,
con un tremendo berrinche y destruyendo la habitación de su hermana. La
película es salvaje. Max irrumpe en la pantalla rodando por las
escaleras, intentando someter a su perro con ferocidad. Así, a las
bravas y con el vigor que aporta a toda la película el uso de la cámara
en mano, se abre uno de los filmes que mejor captura la intensidad
emocional de la infancia, aquella época en que se pasa de la alegría al
berrinche, de la ternura a la crueldad en una fracción de segundo.
Max es demasiado mayor para
hacer esas tonterías,
pero todavía no lo sabe del todo. Nos topamos con el primer momento en
el que un niño se
da cuenta de que tiene que cambiar su comportamiento si desea encajar
en el mundo. El cambio tiene lugar a través de la relación entre Max y
Carol, una de las criaturas, cuyo comportamiento se parece bastante al
del chaval: la misma frustración, la misma violencia. La destrucción es
uno de los puntos claves del film; se entiende por qué en el mundo
imaginario de Max no hay lagos con arco iris ni vuelan unicornios, sino
que se parece más bien a un páramo manchego, ocre y terroso. Jonze ha
pretendido "capturar el sentimiento de cómo puede ser la vida cuando
estás solo a los 9 años", según explicó en una entrevista. La soledad
de un niño de 9 años: tomemos nota. "No quiero decir a la audiencia lo
que tiene que sentir. Sólo pretendo contar una historia y espero que
sientan algo. El filme puede hacer pensar mucho porque muestra
contradicciones todo el tiempo", ha señalado también.
La trama es enormemente
compleja y nunca termina de
dar la sensación de estar completamente desarrollada. La forma en la
que Max acepta que
tiene que dejar de comportarse como un animalito a través de su
relación con Carol sólo se deja intuir, pero te llega emocionalmente.
Es una película valiente e interesante. Un director como Spike Jonze,
sorprendentemente intimista en esta ocasión; un guión de Dave Eggers
(Nominado al Pullitzer con 30 añitos con A Heartbreaking Work of
Staggering Genius. Nominado al National Book Critics Circle. Ganador de
un TED); música de Karen O y Carter Burwell. Fotografía de Lance Acord
y diseño de producción de K.K. Barrett, estos dos últimos miembros del
equipo técnico personal de Sofia Coppola y que desarrollan unos planos
y unos escenariosincreíbles.Todo ello producido por Tom Hanks y con la
estrecha colaboración del autor de la obra original, Maurice Sendak. Y
por si fuera poco y en breves papeles, Catherine Keener y Mark Ruffalo,
dos actores con los que nadie falla, junto con un chaval como es Max
Records que logra trasladar perfectamente cada punto de “crio
irritante”. La suma de todos ellos es motivo más que de sobra para ir a
ver esta película porque es el equivalente creativo al nivel técnico
demostrado en films como Avatar.
Spike Jonze ha retado la
guerra de espectadores con
Avatar: “seguro que
mis monstruos pueden batir a sus aliens. Son más fuertes”. Y esto a
pesar de que ha construido una película difícil y nada complaciente y
lo ha hecho sobre la base de uno de los cuentos más vendidos de la
historia de la literatura infantil anglosajona. Un cuento construido
con apenas 9 frases y unas maravillosas ilustraciones de Sendak que
Jonze ha alargado hasta construir un largometraje en el que se mantiene
el espíritu de la historia ahondando en la personalidad de unos
monstruos que en el cuento se intuye más por los dibujos que por las
palabras.
Max está en una isla
rodeado de unos monstruos cuyo
comportamiento "no entiendes, pero lo sientes". De ahí la importancia
del diseño de unos monstruos que debían mostrar su aspecto salvaje
combinado con unas reacciones típicamente humanas, lo que se consiguió
a través de una técnica muy depurada que combina muñecos gigantes,
creados artesanalmente, con efectos digitales de última generación que
mejoraron la expresión de sus rostros. Este extremo provocó que los
productores se mostraron preocupados con la primera versión del filme y
la posibilidad de que aterrara a los más pequeños, lo que se solucionó
con más tiempo para que el director cambiara algunos elementos de la
historia.
María Molina
|