CRITICA
NINJA ASSASSIN

Director: James McTeigue

Interpretes: Rain (Raizo), Naomie Harrris (Mika Coretti), Ben Miles (agente Ryan Maslow), Sho Kosugi (lord Ozunu), Rick Yune (Takeshi), Stephen Marcus (Kingpin), Richard Van Weyden (Battuta), Thorston Manderlay (Zabranski), Sung Kang (Hollywood).

Nacionalidad: EE.UU.

Año: 2009

Duración: 99 min.

Valoración: Adultos


El realizador australiano James McTeigue (V for Vendetta, 2005, The invasion, 2007) es el responsable de esta cinta, Ninja Assassin, la tercera que afronta en su carrera como director.

El fan del fenómeno ninja puede tener la respuesta muy clara, pero los hermanos Wachowski han decidido nadar a contracorriente y producir Ninja Assassin como una visión de, posiblemente, lo más cerca que el cine mainstream puede estar de un protagonista ninja. Para ello, introducen en la historia del ninja renegado, Raizo, una generosa ración de flash-backs que explican los orígenes de estos asesinos y el durísimo entrenamiento ninja que soportan desde que son niños. El resultado es una mayor densidad dramática pero una pérdida del espíritu enloquecido que debería regir en una película que se atreve a retratar a estos asesinos como sombras serpenteantes y aterradoras.

El filme desarrolla la historia de Raizo, recogido en las calles en la infancia y transformado en un asesino adiestrado por el Clan Ozunu, una sociedad secreta cuya existencia está considerada una leyenda. Atormentado por la ejecución sin piedad de su amigo por el Clan, Raizo escapa de ellos... y desaparece. Ahora espera, preparándose para vengarse. En Berlín, el agente de Europol Mika Coretti se ha topado con una pista de financiación que enlaza varios asesinatos políticos a una red subterránea de asesinos del Oriente lejano nada fáciles de encontrar. Desafiando las órdenes de su jefe Ryan, Mika investiga en algunos de los archivos más secretos de la agencia para descubrir la verdad detrás de los asesinatos. Esta investigación la convierte en blanco de los asesinos, y el Clan Ozunu envía un equipo de matones, liderado por el letal Takeshi, para acallarla para siempre. Raizo salva a Mika de sus asaltantes, pero sabe que el Clan no descansará hasta eliminarles. Ahora, enredados en un juego mortal del gato y el ratón a través de las calles de Europa, Raizo y Mika tienen que fiarse el uno en el otro si esperan sobrevivir y acabar por fin con el escurridizo Clan Ozunu.

Es innegable que Ninja Assassin tiene contundentes virtudes derivadas del radical talento de los Wachowski y su protegido para el disparate visual, además de su ritmo endiablado y la acción casi continua. Esta vez, se pliegan con gusto a los cánones del cine al que están homenajeando, y salpican la pantalla de sangre, muestran vísceras y amputaciones y disfrutan con un espectáculo de violencia coreografiada, lo cual denota una correctísima planificación, aunque ella nos revuelva el estómago más de una vez.
Y aunque James McTeigue teje como puede el guión abigarrado de Matthew Sand y J. Michael Straczynski, desarrolla después una puesta en escena apabullante e incluso el relato que nos cuenta sobre el protagonista resulta sencillo pero poderoso -en donde entran en conflicto emociones como el amor, la justicia, la libertad y el bien- Ninja Assassin se queda en una película con vocación frustrada de partida de videoconsola, en un cómic audiovisual cuya entidad narrativa está al nivel de los veteranos Spectrums de nuestra niñez.

Otra ocasión perdida de demostrar que las artes marciales no son más que patadas en el aire, en este caso una huida hacia delante…

José Luis Panero

Comisión Episcopal de Medios de Comunicación (Conferencia Episcopal Española) C/ Añastro, 1 - 4º - 28033 Madrid (España)