Lo peor de una película tan esperada por muchos es el título con que se distribuye en España: Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel. Una directa traducción del francés, Coco antes de Chanel (“Coco avant Chanel”) habría sido, sin duda, más sencillo y elegante, porque de eso precisamente, de sencillez y elegancia, es de lo que habla la película de Anne Fontaine.
Lo más difícil a la hora de abordar este guión es que la película, queriendo centrarse en los años previos a que Gabrielle Bonheur montase su pequeño estudio de diseño de sombreros que desembocó en su famosa casa de modas, es que se basa en argumentos históricos muy pobres. Chanel mintió siempre sobre su pasado del que se sabe poco. Pasó su infancia con sus hermanos en un colegio interno de monjas donde su tía era la directora, abandonada por su padre. Empezó de cantante de vodevil y vivió mantenida por algún hombre antes de emanciparse y empezar su carrera profesional. Poco más se sabe. Así pues, cualquier parecido con la realidad puede ser en este caso, mera coincidencia.
Con todo, de la intensísima vida de Chanel qué es lo que interesa. Seguramente cómo y por qué empezó a perpetrar el cambio tan radical en la forma de vestir de la mujer de principios del siglo XX y que determinó la moda venidera. Eso es lo que hizo Coco y por lo que ha pasado a la historia. Todo lo que se cuenta aquí es accesorio. Tan accesorio como lo que ella odiaba en el vestir, todo lo que no fuera la esencia. Una esencia aquí omitida.
Muchos biopics se centran en lo que precedió a que un personaje histórico o relevante hiciese aquello por lo que se le recuerda. Ese tipo de biopics no son necesariamente malo, sin embargo, éste adolece de escaso interés. ¿Qué es, en resumidas cuentas, lo que nos quiere contar Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel? Sencillamente por qué esta mujer independiente y temperamental, trabajadora hasta la obsesión y de vida disoluta, prototipo, para muchos, de la mujer moderna, optó por la soltería. En definitiva ésa es la historia del filme. La conclusión a la que llega es que Coco no fue una precursora de las feministas, sino que fue tal un desengaño amoroso que decidió no volver a sufrir de esa manera no enamorándose nunca más.
El argumento del filme, por tanto, pierde fuelle a medida que avanza el metraje porque no termina de entrar, no termina de ofrecer respuestas a las preguntas más interesantes que despierta esta controvertida e interesante mujer: ¿de dónde salió el nombre de Chanel?, ¿cómo creó el traje sastre que marcó su estilo?, ¿cómo se desarrolló la fabricación de su perfume más famoso?, ¿quién diseñó el famoso frasco de la fragancia Chanel nº5?, ¿cómo fue su relación con la realeza europea?, ¿cómo vistió a las estrellas de Holywood y a las celebridades de los años 30, 40 y 50?... Nada de esto aparece en el filme. Alguna alusión a los sombreros, a los corsés, y poco más. Una lástima, porque la meticulosidad con que cuida algunos detalles no está dedicada a cuestiones más importantes.
De hecho, tampoco profundiza en la personalidad de la mujer, de la persona abrupta y solitaria que era Chanel. Apenas se sabe qué determinó su personalidad, cómo se perpetró su carácter. Cuestiones, en definitiva que cuando una película sobre esos años previos trata de cualquier personaje, debería por lo menos vislumbrar.
Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel es, además del producto mentiroso de una labor de publicidad impecable (el trailer parece hablar de una película totalmente distinta), un filme desaprovechado, que podría haber dado mucho más de sí, haber ido mucho más allá, haber contado los sueños y los miedos, la inspiración y los tropiezos, el éxito y el ocaso de la mujer que más ha determinado la moda femenina en la historia del siglo XX. Una lástima.
Belén Ester |