CRITICA
¿HACEMOS UNA PORNO?

Director: Kevin Smith

Interpretes: Seth Rogen, Elizabeth Banks, Craig Robinson, Traci Lords

Nacionalidad: EE.UU.

Año: 2008

Duración: 101 min.

Valoración: Adultos

Kevin Smith es un icono del efervescente cine independiente norteamericano de los años 90. Sus señas de identidad eran las historias sobre relaciones humanas, los diálogos ingeniosos y atrevidos, y las referencias a los mitos de la cultura popular. Así fue como consiguió llamar la atención con su debut, “Clerks”, a la que siguieron los éxitos de “Mallrats” y de “Persiguiendo a Amy”, su película más lograda y personal, en la que conseguía un difícil equilibrio entre comedia y drama. A partir de ahí, encadenó una serie de fracasos hasta que toca fondo con “Jersey Girl”, en la que Smith intentó pasarse al drama sentimental con unos resultados muy pobres.

Es por ello que “¿Hacemos una porno?” es un intento desesperado del director por regresar al terreno de la comedia gamberra, que le había proporcionado sus primeros éxitos. Pero esa desesperación por recuperar sus señas de identidad traspasa la pantalla, resultando en una película floja e indefinida.
Smith quiere recuperar los diálogos frescos y chispeantes de “Clerks” o “Mallrats”, pero resultan aquí  forzados  y desnaturalizados. “¿Hacemos una porno?” transmite la triste sensación de un autor que no acepta su madurez, y para intentar aparentar la juventud que ya no tiene, se entrega a un desesperado intento por ser transgresor. Lo único que consigue es resultar zafio y muy poco gracioso, pues nada aparta más al público de la risa que los esfuerzos por hacer reír.

Lo mejor de la película, no obstante, es la perspectiva cercana a los personajes que Smith conserva: el director entiende y simpatiza con sus personajes, un par de perdedores en una situación difícil, en la que descubren que se tienen el uno al otro. La actriz Elizabeth Banks es capaz de cargar ella sola con el peso interpretativo de esta trama, ya que su compañero de reparto, Seth Rogen, no da la talla en ningún momento, especialmente en las secuencias más tiernas.
También existe una cierta calidez en el ambiente de solidaridad que se crea alrededor de los personajes, un estrafalario grupo que se reúne para rodar la película porno que acabe con sus problemas económicos.
Pero la mínima sensibilidad que se atisba en el retrato humano de estas relaciones queda enterrada por el humor escatológico y la narración anémica de la historia. A estos desatinos hay que añadir que la película ofrece la idea de que se puede llegar al amor empezando por el sexo, y no al revés.

Dado que la trama tampoco es especialmente original (a muchos les recordará a la española “Torremolinos 73”), hay que concluir que Kevin Smith sigue estando perdido para la causa del buen cine. Sus primeras películas daban signos de una posible carrera muy interesante, pero ahora Smith debe volver a encontrar una voz propia que esté acorde con su edad y sus circunstancias vitales, en lugar de empeñarse en recuperar una época que nunca volverá.

Federico Alba

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