CRITICA
BEN X

Director: Nic Balthazar

Interpretes: Greg Timmermans, Marijke Pinoy, Laura Verlinden, Pol Goossen, Titus De Voogdt, Maarten Claeyssens, Gilles De Schryver, Peter De Graef

Nacionalidad: Bélgica

Año: 2007

Duración: 90 min.

Valoración: Todos

Ben (Greg Timmermans) es un joven “raro”, o más bien el denominado de forma marginal y neo-racista “freaky” en su clase. Tranquilo y ensimismado, saca buenas notas en el instituto. Esto es motivo de odio hacia él, y muchos le hacen la vida imposible con bromas y crueldades. La inteligencia de Ben es superior a la del resto de sus compañeros, pero también es retraído, exacerbadamente tímido... hasta el punto que parece rayar el autismo. Su vida en el colegio es un infierno pero, cuando llega a casa, al refugio de su habitación, se sienta delante del ordenador y surge el Ben amo y señor del juego online favorito de millones de adolescentes, incluídos los que lo atormentan a diario. Mediante este juego Ben logra mantenerse vivo, dejar de ser una víctima para convertirse en héroe. Él huye de la realidad y se refugia en un juego de rol: Overlord. Muy pronto se convierte en un héroe legendario, con una fuerza inusitada. Incluso se echa una novia (Laura Verlinden).
Ben ha entrado en un mundo de fantasía donde nada ni nadie le perturba. Sus aspiraciones le encierran en un microcosmos creado por él donde se agrandan sus cualidades y desaparecen sus carencias y problemas. No es capaz de volver al instituto convertido en un vengador sin piedad, como el héroe que en el juego de rol extermina a quienes se cruzan en su camino. Un retrato que da mucho que pensar a educadores, padres, entorno familiar. ¿Qué productos estamos creando fruto de un aislamiento permitido y enrarecido que fabrica seres que no saben acometer situaciones difíciles con carácter y fortaleza, sino distorsionadores de su imaginación que va a parar en un submundo que es virtual –no saben de realidad, no conocen la realidad- y donde se permite la violencia y la venganza en cuatro paredes?
Ben, en su curiosa huída, ahora mata virtualmente, no se suicida, y tiene la disculpa ante los demás de su autismo…Hay muchos factores que desencadenan la conducta perversa de Ben, -aunque sea virtual, el corazón y su interior no son virtuales-: el juego de rol, los padres de Ben, los profesores de su instituto o los compañeros que, sin intervenir, fueron cómplices con su silencio. Un tema de reflexión para la industria de juegos virtuales y sus diseñadores. Todos hemos jugado y desarrollado nuestra imaginación en la infancia y en la adolescencia, pero ese juego imaginativo no suponía ese grado de soterrada violencia y criminalidad, que sí que tiene consecuencias.
No nos sorprendamos, si permitimos estos submundos como juego, de que haya niños que se filman con sus móviles mientras se pegan, jóvenes que prenden fuego a una mendiga, críos que asesinan y abusan de una adolescente, hijos que asesinan a sus familias con una catana… Miremos en las habitaciones de los adolescentes, donde hay mucho indicio siniestro, oscuro y desaforado. Y ojo al dato: la culpabilidad de adolescentes disminuye por su edad –según está hoy por hoy la legislación penal-, pero no porque sea menor la violencia y repugnancia de las acciones que cometen alimentadas por esta basura.

Experimentar, especular, extorsionar virtualmente también afecta al cerebro, al corazón, a la conciencia y a la conducta. Un buen filme para hacerse muchas preguntas sobre la responsabilidad que tenemos por “no mirar” las consecuencias del aislamiento y la contribución al desarrollo de la bestia interior en chavales a través de juegos de rol, literatura perversa y violenta, cuanto antes

María Molina

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