Director: Steve Carr
Interpretes: Kevin James (Paul Blart), Jayma Mays (Amy), Keir O'Donnell (Veck Sims), Bobby Cannavale (Kent), Stephen Rannazzisi (Stuart Lathan), Shirley Knight (madre), Peter Gerety (jefe Brooks), Adam Ferrara (sargento Howard).
Nacionalidad: EE.UU.
Año: 2009
Duración: 91 min.
Valoración: Todos |
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De Estados Unidos llega Superpoli de centro comercial, filme de difícil reproducción fuera de sus fronteras, dirigido por Steve Carr (Dr. Dolittle 2, 2001), un realizador muy próximo al cine infantil; no en vano es la línea de trabajo utilizada en esta producción, cercana a la vía sentimental y bobalicona, típica de los productos amparados por Adam Sandler, aquí relegado a productor, desplazando cualquier mínima inyección de mala leche que subiese la calificación por edades de un paquete de usar y tirar.
El Superpoli de centro comercial es Paul Blart, un bonachón, gordo e hipoglucémico, vigilante de centro comercial que no logra superar las pruebas para ascender de rango en medio de un gran atraco a un centro comercial. Soltero y con una hija, es, sin embargo un entregado vigilante del centro comercial de su localidad, y el único que parece tomarse en serio su modesta responsabilidad. Los problemas para Paul comienzan cuando, en plena temporada navideña, unos malvados ladrones con muchos tatuajes deciden que es hora de hacerse con la recaudación de todas las tiendas…
El filme basa todo su encanto y sus limitados aciertos en el entusiasmo de su protagonista, un Kevin James tan pasado de peso como de talento, que no obstante es incapaz de ocultar la falta de carisma de un película que hubiera merecido de un mínimo cálculo para superar cualquier listón de calidad mínimo.
Así, Superpoli de centro comercial ejemplifica perfectamente el estado de cierta comedia estadounidense, que no por ser tibia es desechable, sino que formaría parte de un género independiente, algo así como el ‘clown’ del siglo XXI.
Pero no hay que olvidar que Superpoli de centro comercial es cine con función social: consentir a padres e hijos mirar a la misma película sin que unos y otros acaben aplastados por el tedio de destapa esta comedia populachera. Y para que la familia, cómodamente, contribuya al vaciado del correspondiente tanque de palomitas.
A su favor tiene una noble intención: dejar al margen las apariencias y asomarse al interior de las personas, a pesar de que a primera vista nos causen un rechazo vomitable.
Jose Luis Panero |