CRITICA
JULIE Y JULIA

Director: Nora Ephron

Interpretes: Amy Adams, Meryl Streep, Stanley Tucci, Chris Messina, Jane Lynch, Vanessa Ferlito, Lindsay Felton, Dave Annable, Mary Lynn Rajskub

Nacionalidad: EE.UU

Año: 2009

Duración: 123 min.

Valoración:Todos

Julie Powell siempre pensó que llegaría a ser alguien importante. Sin embargo, a los treinta años se descubre a sí misma haciendo frente a una vida llena de frustraciones: vive en una casa que no le gusta, en una zona que detesta; su trabajo no le llena, y además no consigue ser una buena ama de casa.

Para intentar superar esta situación decide ponerse manos a la obra, y realizar cada una de las recetas del libro Mastering the art of french cooking, escrito por la popular Julia Child.

Ambas mujeres tienen dos cosas en común: un matrimonio feliz y su placer por cocinar. Esta película reivindica la buena cocina como forma de expresión creativa, y nos recuerda la importancia que determinados gestos, como sentarse en torno a una mesa, pueden llegar a tener en una familia.

El retrato de las dos protagonistas no es excesivamente interesante. Si bien es verdad que Julia Child aparece como una mujer de extraordinario carácter y gran capacidad de amar, el personaje de Julie Powell resulta bastante cansino, debido a la exagerada obsesión de la chica por con su ídolo culinario. La interpretación de Amy Adams resulta poco creíble, y queda muy lejos del magnífico trabajo que desarrolló en La duda, en la que también trabaja junto a la incombustible Meryl Streep.

Las dos historias, que se desarrollan de forma paralela, son prácticamente iguales. A pesar del lapso temporal que las separa, a estas dos heroínas domésticas les ocurren las mismas cosas, lo que convierte en previsible una historia que se torna lenta en demasiadas ocasiones. Al no haber un verdadero nudo dramático, la cinta se convierte en la eterna descripción de las vidas de dos mujeres que atraviesan las mismas circunstancias. El problema es que no existe verdadera reflexión, no se llega ninguna conclusión, ni se saca ninguna enseñanza.

Concebir el arte culinario como vía de escape emocional es algo que, por otra parte, ya hemos visto en películas como Deliciosa Marta, Sin reservas y, un poco más atrás en el tiempo, en Como agua para chocolate.

En resumen, Nora Ephron nos ofrece una película agradable de ver, pero que decepciona, debido a un guión muy flojo y a una visión algo infantil de la situación de la mujer moderna, incorporada por una Amy Adams que no da la talla.

Ana Lanuza

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