CRITICA
DISTRITO 9

Director:Neill Blomkamp

Interpretes: Sharlto Copley, Jason Cope, David James, Vanessa Haywood, Mandla Gaduka, Kenneth Nkosi, Eugene Khumbanyiwa, Louis Minnaar, William Allen Young

Nacionalidad: Nueva Zelanda, Sudafrica

Año: 2009

Duración: 112 min.

Valoración: Adultos

La ciencia ficción y, en particular, el cine de marcianos siempre ha tenido su filón entre los espectadores. A través de los años, hemos ido viendo extraterrestres de todo tipo: conquistadores, mesiánicos, proféticos, náufragos de su mundo… Sin embargo, lo que “Distrito 9” nos presenta es una idea totalmente innovadora: utiliza la metáfora alienígena para indagar en los abusos raciales frente al tercer mundo.

La película empieza a modo de documental, narrando como llegaron los extraterrestres a la tierra y hablando de la decepción que se llevó la humanidad al comprobar que se trataban de refugiados de su propio mundo llegados en su particular “patera” interespacial. Sin embargo, a medida que se desarrolla la película, el director se permite la licencia de combinar este género con el de la propia ciencia ficción sin que el resultado quede forzado.

Neill Blomkamp cuenta una historia sobre el miedo que tenemos las personas a lo diferente, de cómo justificamos nuestros actos por el mero hecho de quedarnos con la conciencia tranquila. Y lo hace mimando ciertos detalles de la ambientación futurista: el gueto donde viven los personajes se encuentra en Johannesburgo (Sudáfrica), pero los humanos de diferente color ya no comparten diferencias raciales, ya que existe otro enemigo. También habla del contrabando de armas, de la “reubicación” de los marcianos para que molesten lo menos posible.

Otro de los elementos interesantes que presenta esta producción de Peter Jackson es la de evitar clichés en su protagonista principal. Wikus van der Merwe (interpretado por Sharlto Copley) es un funcionario que, enchufado por su suegro, es nombrado responsable del desalojo de todos los alienígenas a otro gueto más alejado de la ciudad. Wikus es débil, inseguro y muy influenciable. Poco a poco, no le quedará mas remedio que experimentar un mundo donde no es aceptado ni por unos ni por otros.

A partir de aquí, nos encontramos con un film extraño, que no es apto para los espectadores más convencionales y que se centra excesivamente en su mensaje, dejando a veces de lado el cuidado de la narrativa. El director juega con los personajes con crueldad y violencia y no se apiada de ninguno para mostrarnos metafóricamente la realidad del tercer mundo. Un gran documento reivindicativo, pero un modesto drama personal.

Gonzalo Manzanera

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