CRITICA
FLORES NEGRAS

Director: David Carreras Solè

Interpretes: Héctor Colomé (Clavel), Maria Grazia Cucinotta (Martha), Marta Etura (Elena / Natascha), Belén Fabra (Sandrine), Eduard Fernández (Peter), Michael-Joachim Heiss (Guardaespaldas), Gottfried John (Curtis), Tobias Moretti (Michael Roddick), Maximilian Schell (Jacob Krinsten)

Nacionalidad: Eapaña

Año: 2009

Duración: 104 min.

Valoración: Adultos

Michael Roddick (Tobias Moretti) es un espía al servicio de la República Federal Alemana. Relegado por sus superiores ante la inminente caída del régimen soviético y tras fracasar en su última misión junto a su compañero Peter (Eduard Fernández), desaparece llevándose con él a Elena, la hija de una espía rusa muerta en extrañas circunstancias. Michael y Elena se instalan en Barcelona, donde abren un pequeño restaurante para llevar una vida relajada lejos de su pasado. Pero dieciocho años después sus antiguos compañeros reaparecen para ajustar cuentas pendientes y Roddick se encontrará inmerso otra vez en antiguas pesadillas.

Historia de espías al estilo más clásico en la que prima la tensión del ambiente posterior a la caída del Muro de Berlín por encima de la acción y la espectacularidad de las imágenes. Precisamente ese estado de tensa paz que caracterizó ese orden mundial es lo que mejor logrado está en el film de David Carreras. De alguna manera el realizador se aparta de los cánones del thriller contemporáneo  para construir su relato más en imágenes grises que transmiten inquietud que en grandes diálogos. Destacamos en este aspecto la fotografía de Néstor Calvo, que creará en nosotros una sensación de agobio y congoja a medida que la película alcance más y más tensión. Una concepción de thriller muy pareja a la explotada por Paul Greengrass en su trilogía de Bourne.

Sin embargo, lo que nos parece un acierto en cuanto a la concepción global de la película, se volverá en su contra a medida que avanza la cinta por culpa de una intriga demasiado simple y carente de interés. El guión se empeña en estirar exageradamente una trama demasiado simple, dejando muy de lado a los personajes y su desarrollo. El único componente emocional que se puede rascar en las casi dos horas de metraje es la relación que une al padre adoptivo y a la hija, la cual no sabe que aquel estuvo relacionado de alguna manera en la muerte de su madre. Pero hasta eso está explorado de una manera muy convencional y superficial. Lo más reseñable realmente es el acabado formal, con una estética y puesta en escena muy cuidadas que logran crear una atmósfera muy acorde con el tono del filme.

Como he dicho, hay cosas en Flores negras que están bien, pero estaría algo mejor si se hubiera inyectado algo de intensidad dramática y de acción, de ritmo -aunque fuera a través de la banda sonora-, más que nada como necesaria válvula de escape a la calmada tensión lograda hasta entonces. El suspense se resiente pasada la mitad del metraje, y lo que en principio parecía una tensa calma al final se convierte en pura desidia, porque se pierde tanto el sentido de la amenaza que se cierne sobre el protagonista, como el factor sorpresa, la intensidad y el interés por lo que se cuenta.

Todo esto da un poco más de pena porque el film también se beneficia de un grupo de actores bastante eficientes. Tobias Moretti da muy bien el pego como espía veterano obligado a volver a la acción, y las colaboraciones de Eduard Fernández, Maximilian Schell o Gottfried John ayudan a dar peso al relato. Lástima que el primero quede un tanto desdibujado y todo pierda fuelle según avanza.

El riesgo tomado por Carreras a la hora de embarcarse en tal empresa es digno de aplaudir, y desde luego constituye una buena noticia para el panorama cinematográfico español, aunque no sea argumento suficiente para que haya que ser condescendiente con la película (de ahí las dos estrellas y media). Flores negras tiene un diseño de producción muy cuidado, pero la historia que presenta es demasiado insulsa, tiene poco gancho y además carece alarmantemente de ritmo.

Francisco Arellano

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