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Una de las cualidades de Jason Reitman es la de tener la capacidad presentar los sentimientos humanos de una forma sencilla y directa, sin tener que recrear grandes situaciones dramáticas para poder sacarlos a relucir. Por eso, es capaz de mostrar una lectura sobre la vida de una situación que se nos hace cercana.
En esta ocasión, Reitman nos presenta la película como una pregunta al aire: ¿necesita el ser humano de compañía? Y es aquí cuando el director nos pone en un punto de vista antagonista: el de Ryan Bingham (George Clooney), un hombre cuyo empleo consiste en despedir a gente y que constantemente está viajando. De hecho, él considera que su hogar es cada uno de los hoteles que visita y colecciona tarjetas de hotel como si fueran sus propias llaves de casa. Lo más atrayente de este personaje es su coherencia y la sinceridad con la que actúa: se considera feliz con su planteamiento de vida y actúa en consecuencia.
Otro de los grandes aciertos de Up in the air consiste en tirar por la borda todos los tópicos sobre el amor idílico y sobre la pretensión de una vida perfecta. Para ello, recurre a la versión opuesta de Ryan, personalizada en la joven Natalie (Anna Kendrick), una compañera de trabajo entusiasta a la que pronto su vida empezará a desestabilizarse. La película no responde las preguntas que plantea, algo que deja al público si no que simplemente se limita a seguir las diferentes conductas del ser humano frente a la sociedad y va encaminándose hacia un punto intermedio entre dos visiones completamente opuestas.
Técnicamente no es una gran innovación en el mundo del cine, pero combina coherentemente un guión muy bien elaborado, con inteligentes diálogos entre el trío protagonista, y unas imágenes cargadas de mucho simbolismo, que cuentan mucho más de lo que parece. Además, la mayor parte de Up in the air se puede considerar como un trabajo de disección de los personajes, preguntándose sus motivaciones y normas morales, por lo que estos deben estar necesariamente muy bien trabajados. Quizá la nota más negativa es que, casi al final, parece que se queda sin recursos e intenta mostrar una salida un poco forzada para los protagonistas.
En cuanto a las actuaciones, el elenco femenino tiene una veracidad verdaderamente sorprendente. Tanto Vera Farmiga como Anna Kendrick hacen un trabajo sorprendente. George Clooney mantiene el tipo, incluso parece que disfruta de su papel, pero, quizá sean mis prejuicios, no consigo sacarle de su papel de vendedor de café.
En definitiva, se trata de un drama simpatizante, con un discurso sincero que saca a relucir las carencias de un modelo de vida cada vez más adoptado por la sociedad que hoy vivimos. Quizá sea de los mejores guiones que hemos visto en el presente año.
Gonzalo Manzanera |