¿Quién no se ha planteado alguna vez que la vida sería mejor si rejuveneciéramos según pasara el tiempo? Toda la experiencia de los años pasados se uniría a la energía y la vitalidad de un cuerpo joven. Parece idílico y, sin embargo, David Fincher nos lo cuenta de una forma totalmente realista, en la que no todo es tan perfecto como creíamos.
Con la premisa de un relato de F. Scott Fitzgerald, esta candidata al oscar cuenta la historia de Benjamin Button, un bebe que nace con todas las características de un anciano y que, según pasa el tiempo, va rejuveneciendo cada vez más.
Quizá lo más original de esta cinta es que, a través de esta utopía ficticia, logra transmitir una visión tan realista y tan cercana que cualquier espectador se puede sentir identificado con ella. Este planteamiento se pregunta porqué perdemos la ilusión por nuestros sueños con el paso de los años y porqué dejamos de luchar por lo que queremos.
Sin embargo, no cae en tópicos y lo que cuenta es mucho más interesante: que todo reside en la esperanza, que no depende de la edad para que uno se sienta joven o viejo y que siempre hay tiempo para volver a luchar por lo que uno desea.
Técnicamente, la película es perfecta. Cada plano es una lección de cine clásico y la ambientación de la historia es inmejorable. Quizá es tan perfecta que pierde un poco de frescura, debido a un montaje excesivamente tradicional que no aporta nada nuevo. El guión no es convencional, ni se basa en las reglas de tres actos, si no que es muy lineal. Al fin y al cabo, lo que se cuenta es una vida entera. Esto no quiere decir que sea un mal guión, ni mucho menos, pero si que tiene el peligro de que el espectador se disperse en algún momento de la historia, sobre todo si dura casi tres horas.
En cuanto a los personajes, brilla con luz propia la interpretación y la caracterización de Brad Pitt. Gracias a un cuidado maquillaje mezclado con unos cuantos efectos especiales, consigue representar a un personaje en prácticamente todas las fases de la vida de un ser humano. Es especialmente impactante cómo logran dotar de los rasgos del actor al personaje anciano que sale en la primera media hora de la película. Este mismo factor se le puede aplicar, aunque en menor medida al personaje de Cate Blanchet. El resto de los personajes cumplen con creces, destacando entre todos ellos Taraji P. Henson como madre de Benjamin.
Por todo esto, El curioso caso de Benjamin Button es una lección de cómo se hace cine, pero la historia quizá no atraiga demasiado. Eso no quiere decir que no tenga su lectura interesante, dotada de una vitalidad y un sentido de la vida que no debe pasarse por alto.
Gonzalo Manzanera |