1 julio, 2011

8º Edición del Festival Internacional de Cine Africano

8º Edición del Festival Internacional de Cine Africano

El festival de cine africano de Tarifa ha sido por octavo año consecutivo una de las grandes pantallas del cine africano en el mundo. La realidad africana es compleja y diversa, y a través de su cine, parece estar consolidándose cada vez más como una propuesta cultural de calidad, que también apoyan otros festivales como el Afrika Film Festival de Lovaina, el Festival de Cine Africano de Guinea Ecuatorial, el International Short Film Festival de Addis Ababa, o el Programa Cine Nómada, uno de los proyectos clave de la asociación Al-Tarab, organizadora del FCAT.

El congreso se abrió con la proyección del documental La puerta de no retorno dirigido por Santiago Zannou, y a lo largo de 10 días se sucedieron, además de proyecciones de largometrajes de ficción, cortos, documentales y películas de animación, diversas actividades, mesas redondas, conferencias, encuentros con directores y un Aula de cine africano, que compartían un objetivo: dar a conocer la historia, la cultura y la producción fílmica del continente africano en España. La ceremonia de clausura estuvo conducida por Rosy de Palma, y en ella se otorgaron los Griots a las películas Microphone (Ahmad Abdalla, Egipto), A jamaâ (Daoud Aoulad-Syad Marruecos, Francia), Shirley Adams (Oliver Hermanus, Sudáfrica), Un homme qui crie (Mahamat-Saleh Haroun, Chad, Francia, Bélgica), Koundi et le jeudi national (Ariani Astrid Atodji, Camerún) y Mwansa the great (Rungano Nyoni, Zambia, Reino Unido).

Sin obviar realidades como la violencia, el sida, o el racismo, este festival lucha por la difusión de concepciones estéticas africanas ligadas a lo positivo, y proclama la necesidad de volver a los orígenes y recuperar las raíces que fundamentan la identidad cultural de los africanos. Destaca entre los cineastas una voluntad conjunta de romper los clichés que dificultan la comprensión de África en su totalidad, fomentados en gran medida por el cine realizado en la época colonial, del que se dice que distorsionó la identidad cultural de los africanos al exportar una visión sesgada que la relaciona África con la brujería, el oscurantismo y la subyugación, imagen que los africanos llegaron a adoptar como propia y de la que ahora pretenden deshacerse.

África intenta abrirse paso en los canales comerciales del mundo, y para esto está llevando a cabo un titánico esfuerzo, que aun se ve frenado por la existencia de la censura y un mercado con grandes limitaciones. A pesar de la potencia de la industria en países como Nigeria (Nollywood –nombre que recibe la industria de cine de Nigeria- es la segunda más grande en el mundo, detrás de Bollywood y por delante de  Hollywood), los cineastas africanos se enfrentan a numerosos retos en lo referente a la financiación, exhibición y formación de cineastas, aunque la mayor dificultad radica en la distribución. A este respecto tienen mucho que decir las nuevas tecnologías y sobre todo a la tecnología móvil, cuyo desarrollo supone una oportunidad y una esperanza para África. Es muy barata y facilita el acceso a Internet en un país en el que pocos pagan por una conexión con banda ancha.

También se le ha prestado una especial atención al papel de las redes sociales, que están jugando un papel fundamental en la situación política, y pueden contribuir a la consolidación del cambio. Mientras millones de personas reaccionan frente a los regímenes políticos en Túnez, Egipto, o Siria, y protagonizan revueltas que exigen cambios en el mundo islámico, el cine africano se convierte en testigo, y puede que también en potenciador o consolidador de dichos cambios. Las recientes revoluciones en el Magreb parecen estar acabando con el miedo de la población, y la posibilidad de utilizar cámaras digitales y difundir las revueltas en directo, supone todo un desafío para una nueva generación de ciudadanos- cineastas.

El cine africano actual tiene ante si una oportunidad histórica, pues por primera vez en su historia se desarrolla en un contexto social que reclama democracia y libertad. Quizá por esto este año el Festival ha contado con un respaldo y una cobertura mediática nunca antes conocida. Directores de cine, periodistas especializados en el mundo islámico, directores de otros festivales, e incluso uno de los censores de cine en Egipto, propiciaron un diálogo necesario en estos tiempos convulsos en los que la libertad se ha convertido en algo que no todos entienden de la misma manera.

En resumen, el Festival de Cine Africano de Tarifa se presenta como una interesantísima iniciativa que nos ofrece una posibilidad única de descubrir un continente apasionante y reflexionar acerca de la creación cinematográfica como vehículo de conocimiento mutuo. Tanto España como África se benefician de un encuentro que año tras año nos recuerda que la relación con el otro es fundamental para no perder nuestra humanidad y la referencia que en última instancia nos constituye como personas.

PALMARÉS

Griot al mejor largometraje de ficción

Para MICRÓFONO(MICROPHONE, Egipto) de Ahmad abadía

Griot a la mejor dirección de un largometraje de ficción

Para  LA MEZQUITA(A JAMAÂ, Marruecos, Francia) de Daoud Aoulad-Syad

El jurado ha decidido por unanimidad otorgar una mención especial a la película HAWI (Egipto, Catar) de Ibrahim El-Batout

Griot a la mejor interpretación femenina en un largometraje

Para DENISE NEWMANpor su papel en SHIRLEY ADAMS (Sudáfrica) de Oliver Hermanus

Griot a la mejor interpretación masculina en un largometraje

Para YOUSSOUF DJAOROpor su papel en UN HOMBRE QUE GRITA (UN HOMME QUI CRIE, Chad, Francia, Bélgica) de Mahamat-Saleh Haroun

Griot al mejor largometraje documental

Para KOUNDI Y EL JUEVES NACIONAL(KOUNDI ET LE JEUDI NATIONAL, Camerún) de Ariani Astrid Atodji

El jurado ha decidido por unanimidad otorgar una mención especial a la película FRAGMENTOS  (ASHLAA, Marruecos) de Hakim Belabbes

Griot al mejor cortometraje

Para MWANSA EL GRANDE(MWANSA THE GREAT, Zambia, Reino Unido) de Rungano Nyoni

El jurado ha decidido por unanimidad otorgar una mención especial a la película DREXCIYA (Ghana) de Akosua Adoma Owusu

Premio RTVA a la creación audiovisual

Para la película MWANSA EL GRANDEde Rungano Nyoni

Premio SIGNISal mejor largometraje de ficción

Para LA MEZQUITAde Daoud Aoulad-Syad

El jurado ha decidido por unanimidad otorgar dos menciones especiales a:

las películas ESTADO DE VIOLENCIA(STATE OF VIOLENCE, Sudáfrica, Francia) de Khalo Matabane y MICRÓFONO de Ahmad Abadla

Griot del público al mejor largometraje de ficción

Para UN HOMBRE QUE GRITAde Mahamat-Saleh Haroun

PREMIO Y MENCIONES SIGNIS

Para otorgar el Premio Signis en esta octava edición del Festival de Cine Africano de Tarifa el jurado, compuesto por Jean Pierre Bodjoko, Guido Convents y Ana Lanuza, consideró todos los largometrajes en competición, a excepción de Shirley adams, Los sueños de Elibidi (Ndoto za Elibidi, Kenia) de Kamau Wa Ndung y Nick Reding y El viaje a Argel (Le voyage à Alger, Argelia, Francia), de Addelkrim Bahloul, que no pueden ser premiados en este Festival por haber obtenido ya un premio o una mención Signis en los festivales de Nagadugu, Zanzibar y Amiens.

Las dos menciones fueron para Estado de violencia y Micrófono. La primera de ellas, una historia que se desarrolla en Sudáfrica, 20 años después de la desaparición del Apartheid, muestra cómo la paz solo puede ser alcanzada a través del perdón y la reconciliación; y la segunda, ambientada en el Egipto actual, refleja la llegada de nuevos vientos a la sociedad egipcia, así como la importancia de la cultura como parte de un sistema democrático que respete por encima de todo la libertad. El Premio Signis fue para La mezquita, una coproducción de Marruecos y Francia, quinto largometraje del marroquí Daoud Aoulad-Syad.

Sinopsis: un pequeño pueblo de Marruecos ve trastocada su pacífica vida al convertirse en el escenario de la película En attendant Pasolini. Después del rodaje, todos los escenarios son demolidos excepto uno: una falsa mezquita que se levantó sobre la propiedad de un agricultor, Moha, a quien se le hizo la promesa de que el decorado se destruiría junto a los demás una vez terminado el filme. Pero esto no ocurre, y cuando el protagonista quiere darse cuenta, la mezquita se ha convertido en un lugar de culto que nadie parece dispuesto a derribar. 

En clave tragicómica, la película habla de un hombre que lucha para que se haga justicia y se le devuelvan sus tierras, para lo cual no duda en desafiar los poderes establecidos, que pretenden despojarle de sus propiedades bajo el pretexto de servir al bien común. De esta historia se desprende la idea de que ningún proyecto, por mucho que favorezca a una determinada comunidad, puede sostenerse sobre un acto injusto, y denuncia a quienes utilizan los principios religiosos para manipular a la población.  

ENTREVISTA A MANE CISNEROS

FUNDADORA Y DIRECTORA DEL FESTIVAL DE CINE AFRICANO DE TARIFA (FCAT)
¿Qué factores impulsan el nacimiento del Festival de Cine Africano de Tarifa?

Uno de los principales factores que impulsan este Festival es el convencimiento de que podemos llegar a un mayor conocimiento de nosotros mismos a través del conocimiento del Otro. Este festival busca romper estereotipos y aportar una imagen positiva y constructiva de África a través de su cine, un cine excluido de los canales comerciales pero no por ello carente de calidad. En el festival de Tarifa podemos descubrir un cine que nos demuestra que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa de ese continente tan cercano y al mismo tiempo tan desconocido.
¿Qué objetivos persigue?
Este es un festival con un doble objetivo, ético y estético. Estético porque el rigor en cuanto a la calidad cinematográfica de las películas es importante que mantenga un standard elevado. Por otro lado, sabemos que para que los cines de África encuentren su lugar en el mercado internacional sin renunciar a una identidad propia, necesitan encontrar un lenguaje universal y al mismo tiempo africano. Nosotros como festival huimos de un paternalismo que resulta tan injusto como infructuoso para con los cineastas africanos. Respecto a la parte ética debo reconocer que es difícil mantener el equilibrio. Tenemos aun por delante un proceso de descolonización  de nuestras propias mentes, superar siglos de ideas e imágenes distorsionadas. Por otra parte, el propio africano tiene una imagen distorsionada de sí mismo que alimenta el estereotipo y que a menudo le lleva a adoptar actitudes de dependencia y de sumisión que no ayudan en nada a consolidar su independencia como creador tanto a nivel de narrativas y estéticas como a nivel financiero en la fase de producción.
¿Qué puede aportar este Festival a la sociedad española?

En nuestro país tenemos una asignatura pendiente respecto al conocimiento de África. El Festival es una ocasión única para descubrir esa realidad africana de la que no hablan los medios de comunicación, que en demasiadas ocasiones se centran únicamente en las noticias que causan impacto y no nos ayudan a conocer la verdadera historia de África. Para que este Festival no dure solo nueve días existe Cine Nómada, un programa que pretende multiplicar las proyecciones de cine africano en España, y que justifica en última instancia todo este trabajo.
¿Qué supone para ti la organización del Festival?

Después de 23 años viviendo en México, Argentina, Brasil, Francia e Italia, regresé a España y me dí cuenta de la enorme distorsión que existía a cerca de lo africano entre los españoles. Un África anclada en el pasado, fundamentalmente exótica. La organización de este Festival me permite aportar mi granito de arena para que este mundo sea un poco más verdadero, menos agresivo, más justo, y dar voz a un continente olvidado Me aporta felicidad y serenidad y me ha devuelto la ilusión por la vida.

 
Ana Lanuza

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