18 abril, 2019

Legión

Legión

Kevin Feige, presidente de los Estudios Marvel, se ha hecho de oro. El mega proyecto de películas Marvel, englobado en un Universo cinematográfico formado por los superhéroes más reconocidos, culmina en 2019 con el estreno de Los Vengadores: Endgame; las expectativas no pueden ser mayores. Tres horas de duración y lo que se vaticina el nuevo fenómeno Titanic (promete arrasar con todo), pondrá a su fin un proyecto iniciado en 2008 con El increíble Hulk y Iron Man. Once años de trabajo, decenas de películas, series e historias complementarias en el mundo del comic y la literatura; sin duda, un proyecto de una ambición desmesurada y (sinceramente) valiente. Pero cargante. Durante once años, las películas de superheores han estado presente en nuestras vidas, para divertirnos y ofrecernos un sano entretenimiento; en otras ocasiones nos daba mucho más (El soldado de invierno es una de las mejores cintas de espías de los últimos años y Iron Man 3 nos recuerda a las mejores novelas de Tom Clancy); pero a veces el resultado era sencillamente mediocre (Los vengadores: La era de Ultron y Thor: El mundo oscuro son dos ejemplos bastante buenos).

El mundo televisivo no ha sido menos: Jessica Jones, Daredevil, Iron Fist, Luck Cage, El castigador… Y Legión. Esta última no es solo la más interesante de las series: es el proyecto Marvel más ambicioso, extremo, arriesgado, audaz, creativo y brillante de toda su carrera. Once años y su mejor trabajo es una serie que surge del anonimato, con un personaje desconocido para muchos (que no menos importante), y que está a punto de terminar este mismo verano. La cadena FX, en colaboración con Marvel Television, dio luz verde a que Legión, personaje procedente del universo de los X-Men, tuviera su propia serie de la mano del brillante director y showrunner de Fargo, Noah Hawley.

La historia nos presenta a David Haller, un joven esquizofrénico internado en una institución mental y que lucha día a día contra sus propios demonios internos. Un día conoce a Syd y su vida da un giro de 360º: con ella descubre que posee superpoderes y que en su interior habita un ser maligno que trata de vengarse por una antigua afrenta con un pariente muy próximo. Los que conozcan a Legión sabrán que no es un mutante cualquiera: seguramente sea el mutante más poderoso y destructivo de todos, cuyo progenitor no es una persona cualquiera (los que sepan este detalle, fenomenal; los que no, recibirán una agradable sorpresa en la 3º temporada) y cuyo papel en el mundo Marvel es bastante más importante de lo que parece (véase La era de Apocalipsis, comic genial que dio una película realmente lamentable).

Lo interesante de la serie, más allá de su conexión con el mundo Marvel, es su increíble complejidad. Se desarrolla, en su mayoría, en planos astrales donde muy difícilmente se es capaz de saber qué es real y qué no; el tratamiento de los mundos oníricos y los universos paralelos, así como el manejo de los propios superpoderes, se presentan aquí de una forma pocas veces vista en un serie de estas magnitudes. Es como mezclar el mundo de David Lynch, Luis Buñuel y la imaginación de los cineastas de la Nueva ola de cine checoslovaco. La creatividad sin límites de los creadores de la serie ha dado como fruto un proyecto que, fácilmente, puede emparentarse con la malograda y brillante serie de la HBO, Carnivàle: visualmente impactante y muy trabajada; amplia en todos los sentidos, llegando a abarcar todas las realidades posibles y con una amplia variedad de seres extraños.

Con sus dos temporadas, Legión se ha consagrado como una serie de culto que ha ido más lejos que cualquier producto Marvel, y es que cuando un creador tiene la posibilidad de trabajar y crear sin ningún tipo de límites y trabas, el resultado es cuanto menos interesante. Como formato ni si quiera se acomoda a las plantillas creadas por sus antecesoras: la primera temporada, que solía ser la presentación de un personaje en una serie normal, aquí nos sumerge de lleno en la sique del protagonista; nos empapa de información; nos bombardea con imágenes impresionante, secuencias que nos muestra el estado mental de David. La segunda temporada va mucho más lejos: más compleja, arriesgada, ambiciosa. Un mundo creado con la más amplia libertad, sin necesidad de “atar cabos”, como ocurre en las películas Marvel para dar continuidad.

Legión da más de lo que promete: es un viaje fascinante sin límites que nos sumerge en la mente de un ser enfermo, como nunca antes habíamos visto. Impactante, a veces confusa, pero siempre inteligente; diferente a todo lo que se ha visto antes en televisión (en algunos capítulos se ha llegado a mezclar animación con imagen real). La tercera temporada promete ser tan loca y arriesgada como las anteriores, por ello estaremos expectantes ante el regreso del proyecto Marvel más alucinado, temerario y audaz de su corta historia.

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