27 noviembre, 2020

Primal

Primal

Crítica

Público recomendado: +18

Los nuevos avances tecnológicos y la experiencia técnica del veterano en el sector son los mejores ingredientes para el mundo de la creación en animación. Mucho se ha avanzado desde aquellas primeras películas Pixar, hasta las actuales cintas de animación donde la evidencia está dejando fuera toda duda: en el futuro, muy probablemente, el sector de la actuación se reduzca más a lo digital que al actor de carne y hueso. Por el camino, ha sido varias las películas que han marcado el sendero que actualmente se mantiene: las primeras aportaciones de la megapoderosa Disney, hasta las cintas independientes de Ralph Bakshi, pasando por DreamWorks, etc. Genndy Tartakovsky fue un nombre importante de la industria hasta que fue paulatinamente olvidado y relegado a un segundo plano, hasta que en 2017 fue rescatado por ironías del destino de la mano de Netflix: su creación más brillante y apabullante hasta la fecha, Samurái Jack, tuvo su merecido y espectacular cierre con un alarde de técnica pocas veces visto en la industria. Aquel potente golpe sobre la mesa de los directivos hizo que Tartakovsky diese luz verde a uno de sus proyectos más ambiciosos hasta la fecha: Primal. Y los resultados rompen todas las expectativas.

La trama de la serie es sencilla: las andanzas de un cavernícola y un dinosaurio por las hostiles tierras de la prehistoria. Durante cada episodio, ambos harán frente a amenazas cada vez más desafiantes.  A pesar de su argumento, huelga decir que la serie no es ni mucho menos apta para los más pequeños de la casa, ya que se trata de una serie muy dura y violenta. No obstante, el logro de esta serie es sin duda alguna apabullante: sin diálogo, mediante una narración puramente visual, cada episodio nos narra una nueva complejidad a la que esta peculiar (e imposible) pareja hace frente, suponiendo un crecendo de tensión y virtuosismo que deja sin palabras al más avispado. Cada capítulo parece un reto de Tartakovsky consigo mismo al tratar de superarse en todos los aspectos posibles. La bellísima tecnología 2D de la que hace alarde poco tiene que envidiar a las cintas de animación que tratan de alcanzar el hiperrealismo y que se olvidan de los más importante: la narración visual y la creación de una animación acorde con la historia, sin importar su cercanía a los “personajes de carne y hueso”. La serie es una suerte de encuentro entre los cómics de la 2000 AD y la Metal Hurlant con esa estética tan cercana al heavy metal que hará delicias con aquellos que echen de menos las series old school.

La serie también alberga valores muy importantes, como es la superación de la perdida, el valor de la naturaleza y la gravedad que plantea el uso de la violencia. Nos deja también una interesante reflexión sobre este último tópico: ¿es el ser humano violento por naturaleza? ¿su tendencia a recurrir a la fuerza siempre ha estado en él? Como se dijo al principio, la serie contiene grandes dosis de violencia, siempre justificada y sin llegar a los límites de lo insoportable, pero es conveniente ir con este aviso.

En resumen: otro producto de calidad de Adult Swim y otra obra maestra de Genndy Tartakovsky que se confirma como el autor de animación más interesante y personal del momento. Una serie dura, áspera, brutal e inmisericorde que guarda un potente mensaje sobre la naturaleza del ser humano.

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