10 mayo, 2020

Así nos ven

Así nos ven

Crítica

Público recomendado: +18

La plataforma de Netflix presenta entre su amplio repertorio una potentísima miniserie de 4 episodios que oscilan entre los 64 y 80 minutos de duración, titulada Así nos ven. Está producción televisiva cuestiona las debilidades del sistema judicial estadounidense, lo que ha generado una polémica entre la fiscal del caso, Linda Fairstein, convertida en afamada escritora de novelas. Esta mujer declaró en el Wall Street Journal lo siguiente: «Yo era una de las supervisoras del equipo que procesó a los adolescentes detenidos después de aquella noche de violencia terrible. La película de Duvernay intenta retratarme como una fiscal intolerante y con exceso de celo, a la policía como incompetente o algo peor, y a los cinco sospechosos inocentes de todos los cargos contra ellos. Nada de eso es cierto». La cineasta Ava Duvernay, por otra parte, le respondió en Twitter:”Esperado y típico. En marcha”. Por otra parte, se percibe que, a pesar del indudable valor  de esta serie, porque denuncia con acierto la tremenda injusticia cometida con estos pobres chavales que se vieron envueltos en una pesadilla sin comerlo ni beberlo, también se deduce que tiene ciertos prejuicios racistas en sentido inverso.

El argumento gira en torno a cinco adolescentes con edades comprendidas entre los 14 y los 16 años; cuatro de ellos afroamericanos y un hispanoamericano, acusados falsamente de haber violado y herido gravemente a una deportista en Central Park.

Esta realizadora, recordada por Selma, una gran película sobre un personaje importante de los años 60 como Martin Luther King,  logra atrapar al espectador, poniéndose en el pellejo de sus protagonistas y familiares, así como en el lugar de unos policías poco profesionales, poco conscientes de la edad de los chicos, muy despistados y que presionados por la opinión pública para actuar de manera rápida y eficaz, consiguieron el efecto contrario. Los episodios son de una duración irregular, pero no entiendo cuál ha sido la razón.

Su directora intenta que comprendamos cómo se puede sentir un niño o un adolescente de 13, 14 o 15 años en un ambiente carcelario cuando tiene claro que nada tuvo que ver en tan sonado delito.  Se percibe como algunos de ellos, aunque seguían siendo queridos por sus familiares, su paso por la cárcel sin tener en cuenta su edad, les había dejado secuelas y les dificultaba su integración en la sociedad porque, en algunos casos, sus madrastras (ya que  algunos de esos  padres se habían casado con otras mujeres), les habían destronado.

La producción  es dura por su intensidad  dramática, pero el nivel tanto interpretativo como argumental nos parece insuperable. Sin embargo, a pesar de todo la serie transmite esperanza, pues hay carceleros que actúan de mala fe frente a otros sensibles y bondadosos que hacen la función de padre y amigo. El equipo de producción a veces sutilmente y,  en otras ocasiones, más claramente muestra como la fe hace acto de presencia, sugiriendo que Jesús está a nuestro lado sobre todo en los momentos difíciles.

Finalmente, esta serie de  televisión da a entender que la voz de la conciencia y la búsqueda de la verdad hacen su trabajo cuando no se actúa de manera correcta y resulta determinante la resolución de este caso basado en hechos reales.

Por cierto, hay que prestar atención a los títulos donde cuenta las vidas de estos chavales convertidos en adulto. A mi particularmente me ha llamado la atención su situación personal, tras haber perdido su juventud.

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