23 noviembre, 2020

Cobra Kai

Cobra Kai

Crítica

Público recomendado: +14

Los productores de la saga The Karate Kid siempre van buscando la forma de seguir manteniendo viva la llama de esta historia sobre artes marciales. Si hacemos un repaso por esta saga nos encontramos las tres partes protagonizadas por Ralph Macchio, Pat Morita y William Zabka, dirigida por John G. Avildsen, especializado en el drama y la acción como demostró con Rocky. En 1994 apareció El nuevo Karate Kid en versión femenina, interpretada con acierto por Hillary Swank. La siguiente estaba protagonizada por Jackie Chan y el hijo de Will Smith, Hayden, lo que confirma nuestra teoría de que el enchufismo en el cine funciona, que es la más floja de todas con diferencia, pero que tuvo un gran éxito en taquilla.

La plataforma de Netflix ha comprado una serie titulada Cobra Kai, creada por Josh Heald, Jon Hurwitz y Hayden Scholossberg. Está producción televisiva consta de 10 episodios de 30 minutos cada uno, que va por la segunda temporada, aunque ya se está negociando la tercera.

Nosotros hemos analizado la primera de ellas en la que se cuenta como el enemigo mortal de Daniel LaRusso, lleva una vida de perros, malviviendo y decide resucitar  un gimnasio de karate, que responde al nombre de Cobra Kai, de infausto recuerdo para Daniel porque desvirtuaba el sentido de este noble arte marcial. Este planteamiento de vida es totalmente opuesto al de Daniel LaRusso, que siguió siendo fiel a las enseñanzas de su maestro Miyagi. Este chico convertido en empresario de éxito tiene una serie de encontronazos con su rival del pasado en el barrio y en el tatami que tantos problemas le ocasionó.

El acierto de esta serie es que plantea que pasaría si (una especie de “what if…”, tan típico en el mundillo de los cómics), dejáramos el tiempo transcurrir y nos imaginásemos como sería la vida de esos dos maestros de las artes marciales en su vida actual, es decir; 36 años más tarde.

El formato utilizado por sus creadores parece adecuadísimo, pues se trata de capítulos cortos que se pueden ver en el poco tiempo que nos queda para descansar del día, mientras disfrutamos de la cena en la que no se mete contenido de relleno y en el que hay tiempo para el humor, la nostalgia, los buenos sentimientos, las profundas reflexiones y situaciones de enredo, ya que los hijos de los rivales de toda la vida se van cruzando lo que crea la tensión necesaria para que la historia funcione y los giros argumentales obligan a posicionarse de un lado y de otro, pero intercambiando los roles.

De algún modo, este producto compara  las dificultades existentes de unos hijos cuando conviven en una familia desestructurada frente a las personas centradas que se han esforzado en la vida por ser buenos profesionales y buenas personas y luchan por mantener unida a la familia. Por otra parte, en un segundo plano aparece una familia de origen latino acogedora que tiene fe y  bendice la mesa. Esta serie de valores chocan por la forma de entender el karate de su agresivo sensei, que adiestra a su hijo con mano dura.

Finalmente, Daniel LaRusso conecta con la trascendencia, hablando con el señor Miyagi y rezando en su tumba para pedirle consejo. Es chico recuerda su filosofía basada en el respeto a los mayores y transmitiéndose a los demás que básicamente se basa en el equilibrio personal, el control de sí mismo y la concentración. La escena más interesante de esta serie de éxito es aquella en la que Daniel LaRusso le transmite a un chico desanimado y, en principio, un poco desanimado, que se convierte en su único alumno, el modo en que debe recortar un bonsái como terapia, mientras le dice con cariño que debe imaginar cómo le gustaría que quedase cortado para luego imaginar como le gustaría ser en un futuro en un sentido positivo.

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