28 junio, 2022

Madres forzosas

Madres forzosas

Crítica

Público recomendado: +8

Desde que los productores de Cobra Kai revitalizaran el universo de Karate Kid del  señor Miyagi y Daniel LaRusso, no hemos parado de volver a los años 80 para rescatar a personajes del olvido como recientemente ha pasado con la saga de Top Gun. El éxito de los 90, Padres forzosos, cuenta con la secuela Madres forzosas que puede encontrarse en la plataforma de Netflix.

La serie consta de 5 temporadas de 13 capítulos de 30 minutos de duración, aunque nosotros vamos a analizar la primera y parte de la segunda temporada. Esta comedia de situación reúne en su primer episodio a todo el equipo original muy tener en cuenta en la que los tres mosqueteros originales ceden el testigo a las tres protagonistas infantiles,  que ya son mujeres hechas y derechas: Jodie Sweetin en  el papel de Stephanie Tanner; Andrea Barber  como Kimmy Gibbler y Candace Cameron, interpretando a DJ.

Lo más curioso de las vidas reales de Stephanie y DJ, no sabemos si con intención o no, es que guardan ciertos paralelismos con sus personajes, pues Candace Cameron es una mujer  felizmente casada, pues lleva 25 años con el jugador de hockey: Valeri Bure, siendo madre de tres hijos, mientras que Jodie Sweetin, que no supo asumir la cancelación de la serie de los noventa: Padres forzosos y, al pertenecer a una familia desestructurada, cayó varias veces en las adicciones y habiendo pasado por tres tormentosos matrimonios, aunque pudo rehabilitarse y afirma que continúa en la lucha, pues lleva más de 5 años sobria, lo que puede transmitir esperanza a personas que se encuentran en esa tesitura y por eso lo traemos a colación.

Las situaciones cómicas que van surgiendo siguen siendo muy divertidas, jugando al doble sentido para contentar tanto a adultos como a niños, aprovechando el toque nostálgico, que se intenta inculcar y que hizo famoso al anterior producto televisivo, ya que tocar la fibra sensible y bucean en los aspectos más positivos del ser humano. Cada vez que sus hijos (niños o adolescentes) meten la pata, siguen manteniendo el lema de sus “progenitores”, pues desde el respeto se dialoga; se solucionan los problemas y se termina con un sentido abrazo de la familia al completo. No obstante, tengo la sensación de que el doblaje frivoliza utilizando un lenguaje demasiado forzado para adaptarse a la forma española de entender las relaciones de pareja en los ambientes nocturnos, lo que puede chirriar en una serie familiar.

En contraposición con lo positivo se percibe cierta burla en una celebración “religiosa”, cercana a la astracanada, en la que el tito Joey (el humorista) sale vestido de jugador de hockey para “recasar” a las dos parejas entre las que se encuentra la del tito Jesse y Becky, que en el fondo fomenta el valor de la unidad. Por otra parte, la razón principal por la que analizamos los primeros capítulos de  la segunda temporada es porque, ya en esta segunda entrega, se perciben unos guiños a la ideología de género, aunque tratados con cierto buen gusto.

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