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Nuestra bandera significa muerte

Crítica

Público recomendado: +18

Detrás esta aventurada producción se encuentra el autor de Jojo Rabbit (2019), Taika Waititi. Como en esa disparatada historia, en esta serie, Waititi es actor y productor. La vida de un pirata no es la vida mejor. Esto es así, por mucho que afirmara alegre y convencido el bueno de Smee, el secuaz de Garfio en el clásico de Disney Peter Pan (1953). Sin embargo, parece que algunos hombres de bien se lanzaron a la mar para probar con la piratería. Tal es el caso de Stede Bonnet (1688-1718). Le llamaron el “Caballero pirata”, haciendo honor a su alcurnia y modales refinados. Por lo visto, nacido en una buena cuna de Barbados, se debió aburrir de la vida de terrateniente. Se unió a la tripulación de Edward Teach, apodado “Barbanegra”, para surcar los mares, sembrar el terror y acabar ahorcado. La historia de la piratería es tan apasionante como mítica. De esto último, de mitificarla, se han encargado los directores de cine, creando la falsa creencia de una épica pirata. Como botón de muestra, tienen la saga de Piratas del Caribe (2003-2017). Pero esto es otra historia.  Pues, según la investigadora Judith Echevarrería (The Conversation, 17/11/22), las “aventuras están ambientadas en el siglo XVIII y están parcialmente basadas en Historia General de los Piratas, el testimonio más completo que existe sobre los temibles bandidos de mar de la Edad Dorada de la piratería”. En ese sentido, está probada la verosimilitud de la serie por el esfuerzo hecho en documentación. Sin embrago, conforme se desarrolla la serie –aparte de la simpática interpretación de los tópicos de piratas- se hace un guiño demasiado cómplice con las tendencias ideológicas actuales.

HBO recoge la leyenda de Stede Bonnet en esta sitcom con mucha fabulación a cuestas. En especial, resulta chocante que el argumento se centre en la insinuación de un romance entre Barbanegra y El Cabellero pirata. Decir esto es decirlo prácticamente todo. Detrás del proyecto de la primera temporada está Taika Waititi, director de la serie y actor que representa el papel de Barbanegra. Durante los diez capítulos en los que se desarrolla esta trama, que, al principio, ni siquiera se intuye, asistimos a una sátira divertida y bien rodada sobre los piratas. Se dan situaciones ridículas en las que se les desmitifica en un contexto de tópicos bien traídos. Stede Bonnet tiene serias dificultades para mostrar ferocidad, agresividad y violencia. De modo que le va a resultar muy difícil ganarse el aprecio y el respeto de una tripulación que vive a cuerpo de rey, reblandecida y ociosa. En este juego de contrastes se basa el humor de la serie. Por lo demás, la serie también se ríe de los prejuicios actuales que todo lo ven en clave de “género”. De ahí que, llevando las cosas muy lejos, los argumentos se vuelvan contraculturales quizá por la inteligencia con la que se retrata la “emancipación de una mujer viuda”, la llegada de un padre desaparecido que ha perdido la autoridad ante los suyos, los sentimientos de un hombre cruel o la costumbre de disfrazarse de hombre en una época en la que eso permitía actos delictivos, la infidelidad, el papel de la religión, la autenticidad o la libertad. Como suele suceder, aquí el mundo pirata aporta un contexto para tratar los temas de la agenda social actual y no para hacer una reconstrucción de marineros pendencieros en alta mar. Por lo tanto, la segunda temporada, que se estrenará en unos días, promete seguir abundando en esa ridiculización de la piratería socavando los planteamientos tradicionales, bajo una producción sobresaliente en medios, además de dar a la galería lo que pide. Veremos si esto es así.

Como se ha dicho, lejos de ser histórica, la serie acaba siendo una plataforma para crear una memoria inexistente del pasado. Funciona porque el humor se lleva de calle a los espectadores y gracias también al diseño de los personajes junto a los actores. Sin embrago. El re-telling no cambia los acontecimientos del pasado ni los sentimientos ayudan nítidamente a los historiadores a observar el pasado. Nuestra bandera es puro presente de ficción: audaz, divertida y descarada la serie cuestiona y ablanda la masculinidad en todas sus dimensiones en contraposición a la feminidad.

Ruth Gutiérrez Delgado

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