Aftersun

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Movie Details

Título original
Aftersun
Director
Charlotte Wells
Géneros
Drama
Sinopsis
Sophie (Francesca Corio / Celia Rowlson-Hall como la Sophie adulta) reflexiona sobre la alegría compartida y la melancolía privada de unas vacaciones que hizo con su padre (Paul Mescal) 20 años atrás. Los recuerdos reales e imaginarios llenan los espacios entre las imágenes mientras intenta reconciliar al padre que conoció con el hombre que no conoció.
País
 Turkey,   Reino Unido,   United States of America
Duración
1 h 42 min
Estreno
21 octubre 2022
Certificación oficial
R
Reparto
Frankie Corio, Paul Mescal, Celia Rowlson-Hall, Sally Messham, Ayşe Parlak, Sophia Lamanova, Brooklyn Toulson, Spike Fearn, Harry Perdios, Frank Corio, Ruby Thompson, Ethan James Smith, Onur Ekşioğlu, Cafer Karahan, Kayleigh Coleman, John Stuifzand, Tyler Mutlu, Kieran Burton, Nijat Gachayev, Sarah Makharine, Erol Cengizalp

Crítica

Público recomendado: +18

Sucede, más o menos, una vez al año. De repente, de no se sabe muy bien dónde, aparece un film que nadie se esperaba. Una propuesta original, coherente, que hace avanzar de la mano el arte y el lenguaje cinematográficos, y que consigue ese más difícil todavía que caracteriza a las grandes obras del séptimo arte: mover los resortes más recónditos del afecto del espectador. Más allá incluso de lo que él sabe o puede explicar. A punto de acabar la cosecha de 2022, que ya nos ha dejado perlas para la posteridad como Pacifiction (Albert Serra) o Alcarràs (Carla Simón), aparece, sin embargo, una pequeña joya de grandísimo valor, titulada Aftersun. Ante su visionado, se diluyen las sospechas sobre el fin del cine o la fagocitación de las salas a manos de las plataformas de streaming, que tanto parecen preocupar a algunos miembros de la industria y de la academia. La ópera prima de Charlotte Wells, desde su primer minuto, desde su mismo soberbio arranque, no deja lugar a la duda: el cine está vivo. Y mientras haya directoras como la joven escocesa, dispuestas a arriesgar, a poner por delante el amor por el arte a los beneficios económicos, gozará de buena salud.

Es difícil realizar una sinopsis que le haga justicia al film. Lo más básico del argumento -más mcguffin que otra cosa- son las vacaciones en Turquía que disfruta Sophie (una promesa de futuro: Frankie Corio) junto a su padre (asombroso Paul Mescal), sospechamos que a finales de los años 80 o principios de los 90. Poco más se puede desvelar del argumento so pena de caer en el riesgo de los espóilers. Tampoco es necesario hacerlo: mucho más que lo que cuenta el film, es relevante aquello de lo que habla, el fondo afectivo-conceptual que lo atraviesa. Tarea nada fácil, por otra parte, dado que Welles (también guionista del prodigio) teje una trama tan tupida de relaciones, ideas y afectos, que no es sencillo dar cuenta de ella. Indudablemente, el centro de gravedad del film es la relación entre Sophie y su padre, ausente no solo del hogar (sabemos que fue padre muy joven, y que ya no vive con la madre de la niña) sino de su función de padre, y aun de su propia vida. Un progenitor que, en el intento de ser el mejor amigo de su hija, es a menudo superado por ella en madurez afectiva. Un padre benévolo, pero desnortado, que acaba siendo educado por aquella a quien debería educar, a pesar de sus sinceros intentos por prepararla para la vida recitando las mentiras de su época. Como ese mantra que resume gran parte de los sinsabores de la generación millenial (“puedes ser lo que quieras”) y que la directora desmonta al dejar entrever -solo de puntillas, como si fuera cosa de mucho pudor mostrarlo- el sinsabor de la vida adulta de Sophie.

Para tallar su drama atemporal, Wells recurre a una narración elíptica, anacrónica, en la que a menudo no se sabe qué fue antes y qué fue después, en la que varios momentos en el tiempo se solapan. Una superposición temporal que afecta de modo privilegiado a la banda de sonido, la cual regala al espectador uno de los mejores montajes sonoros de los últimos años. Pero no solo destacan el montaje (también soberbio en la banda de imagen) o manejo del tiempo: las estrategias de puesta en abismo -sutiles como el mismo film que las alberga-, un magistral tratamiento del punto de vista narrativo, las antológicas interpretaciones o la precisión quirúrgica de los encuadres hacen de Aftersun una verdadera delicia, no solo a nivel de disfrute, sino también a nivel de análisis.

Tras acabar el visionado, y después de que la película crezca en el alma del espectador durante los días sucesivos, uno sospecha que, si esto ha sido el arranque de una filmografía, lo mejor está por venir. Si no se tuerce, si sigue fiel a su talento, que poco parece tener de aleatorio, Charlotte Wells parece destinada a ser uno de los grandes nombres del cine del siglo veintiuno.

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