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Amigos imaginarios

Crítica

Público recomendado: familiar

 

 

No todo en la taquilla tienen por qué ser tiros y persecuciones. Sí, se disfrutan más en la gran pantalla con sonido inmersivo, pero también se puede gozar de lo lindo de una bella historia familiar de tintes fantásticos y un toque de drama para que no todo sea reír sin parar y haya conflicto, base fundamental del guion. John Krasinski, actor metido a director, acierta con Amigos imaginarios y demuestra que es un excelente artesano del público familiar.

Bea, una niña de 12 años, descubre que puede ver a los amigos imaginarios de todo el mundo, así que se embarca en una aventura mágica para reconectar a los amigos imaginarios olvidados con sus niños.

La premisa en sí es sencilla y la verdad es que Krasinski no ha querido complicarse mucho, algo acertado ya que él mismo ha declarado que quería que la pudieran ver sus hijos. Para ello se ha reservado él mismo un divertido papel y ha contado con un estupendo Ryan Reynolds; además, en la parte técnica, tenemos al mismísimo Janusz Kaminski, director de fotografía habitual de Spielberg, para dotar a la imagen de una calidez extraordinaria que sobresale en dos secuencias tremendamente inspiradas: dos bailes, uno coral y el otro en solitario.

Los mensajes están claros: olvidar que fuimos niños, olvidar esa inocencia y esa alegría vital, es una pena. No significa resistirse a crecer cual Peter Pan o creer que realmente hay seres fantásticos como los que se ven en pantalla, sino que poner una sonrisa a cada momento del día, especialmente los más duros, es lo que nos hace más humanos (véase la muy difícil situación que pasa él mismo en el filme). Una sonrisa puede ayudar más de lo que creemos, incluso cuando todo está en contra. Maravilloso ese corto diálogo que acaba en un “jamás” muy positivo.

Y también, de paso, se nos advierte de que la mayor dependencia de las pantallas puede hacernos perder de vista lo más importante: que vivimos rodeados de personas y cada una tiene su historia, sus circunstancias, pero al final todos buscamos lo mismo: la comprensión y el cariño del resto.

Es verdad que a veces no está claro hacia dónde va la película y que tarda un poco en arrancar, pero el clímax es muy positivo y deja un sabor de boca tremendamente agradable. Queda así una excelente apuesta para ir al cine en familia a pasar un buen rato y a recordar ese niño que fuimos en su momento.

Miguel Soria.

https://www.youtube.com/watch?v=_uc_BFDBUII

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