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De mayor quiero ser soldado

Caratula de "" () - Pantalla 90

Crítica:

Público recomendado: Adolescentes

El director catalán Christian Molina, que saltó a la fama con la tediosa película Diario de una ninfómana, presenta ahora su última cinta, rodada en inglés, y escrita por él y por la guionista habitual de Bigas Luna, Cuca Canals.

A pesar de estos precedentes, nada halagüeños, De mayor quiero ser soldado pretende ser una cinta de fuerte contenido crítico, social y educacional. Y aunque las intenciones son buenas, y el film cuenta con la recomendación del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, el hecho es que la película queda muy por debajo de sus interesantes posibilidades.

Álex es un niño imaginativo que vive con muchos celos la llegada al mundo de dos nuevos hermanos gemelos, agravada por el deterioro de la relación entre sus padres. Alex se refugia en dos amigos imaginarios, el Astronauta Capitán Harry y antagonista, el Sargento John Cluster. Esa huida en la imaginación se complica cuando a Alex le ponen una televisión en su cuarto, y se convierte en un consumidor de imágenes violentas. Su conducta en el colegio se vuelve agresiva e incluso delictiva. Cuando sus padres se dan cuenta, Alex ha ido ya demasiado lejos.

La película tiene un objetivo muy claro: alertar contra el consumo irresponsable de imágenes televisivas. Pero el mensaje no convence precisamente por que la moraleja es tan obvia desde el principio, que la película en sí, con sus tramas, conflictos y desarrollos, pasa a un segundo plano y se convierte en una mera excusa. Este didactismo tan acentuado se traduce en un guión atravesado de un esquematismo simplista, en el que todo son estereotipos en los que no caben los matices o las complejidades de la vida misma. Como consecuencia, el film tiene un planteamiento maniqueo y moralista muy difícil de digerir. No quiere esto decir que la cinta de Molina no ponga el dedo en ciertas llagas, como las consecuencias del divorcio, el origen afectivo de las conductas, la necesidad de poner límites,… pero son como ingredientes sin cocinar o ideas sin encarnar. También se ofrecen situaciones muy poco verosímiles, como la terapia improvisada, copiada de La Naranja mecánica, y se abusa, tanto de los personajes imaginarios como de las imágenes televisivas. Por si el mensaje no hubiera quedado claro desde el principio, tras los títulos de crédito el actor Danny Glover vuelve a expresar en forma de discurso lo que la película ha dejado machaconamente claro.

Es una pena, que un mensaje tan necesario esté resuelto de forma tan poco eficaz, y eso que desde el punto de vista puramente técnico (dirección de actores, montaje, iluminación,…) la película sí que tiene nivel.

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