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El otro lado de la puerta

Caratula de "" () - Pantalla 90

Crítica:

Público recomendado: Adultos

No puedo imaginar qué pasaría si de un día para otro, ponerse en contacto con el más allá, dejara de ser sinónimo de mal rollo. El cine de terror parte de esta premisa. Tratar de contactar con los que están muertos es mala idea por definición. No sé qué debe haber entre el mundo terreno y el paraíso (que rara vez se menciona) que hablar con el más allá suele ser traer serios problemas. El otro lado de la puerta parte precisamente de esa idea. María es una mujer americana que vive en la India y que perdió a su hijo en un accidente y no puede convivir con esa idea. Un día se toma más pastillas de las que debería y a punto está de reunirse con el alma de su hijo. Es entonces cuando una persona cercana la ofrece una posibilidad. Podría volver a hablar con su hijo, en un remoto templo indio en mitad de un bosque perdido aunque eso sí, siempre hay “peros”: “por mucho que te suplique nunca habrás la puerta a través de la cual podrás hablar con tu hijo”.

Forma parte de la naturaleza del ser humano simplificar las cosas. Coger la realidad compleja y tratar de sistematizarla, de hacerla asumible para el hombre medio. Por esta razón, no es la primera vez que la separación entre estar vivo y estar muerto se reduce a una simple “línea”. “Allí”, le dice un personaje a María refiriéndose al templo donde podrá comunicarse con su hijo muerto, “la línea entre la vida y la muerte es más frágil”. Ya se pueden imaginar lo que vendrá después.

El otro lado de la puerta se ha vendido como la película de terror del momento cuando en realidad tiene los ingredientes justitos para resultar, por lo menos entretenida. De hecho, su director, el británico Johannes Roberts no es garantía de gran cosa. Si uno repasa la filmografía del cineasta lo más fácil es echarse a templar y no porque sus películas “den” miedo sino porque sus películas son “de” miedo. Entre Sanitarium (2001), Darkhunters (2004), Hellbreeder (La resurrección del mal) (2004) y El bosque de los malditos (2005) hay muy poco donde rascar y sí mucho donde quejarse. En conjunto, la mejor película de todas las citadas es sencillamente mala.

El panorama por tanto para El otro lado de la puerta no era muy prometedor y en efecto, así es. No hay nada peor que una película de miedo no dé miedo y que además aburra. Billy Wilder decía que las tres reglas para hacer cine era “no aburrir, no aburrir y no aburrir”, pues bien en El otro lado de la puerta se han saltado las tres.

Pese a todo, puede que al aficionado al género la reciba con cierta benevolencia y hasta pase un rato más o menos digeribnle. Pero el resto, ya les digo que hay miedos mucho más estimulantes que los que propone esta pobre cinta de fantasmas en la India.

 

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