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El sueño de Iván

Caratula de "" () - Pantalla 90

Crítica:

Público recomendado: Familiar

El realizador de anuncios y guiones para televisión Roberto Santiago, Premio Edebé de literatura infantil por Jon y la máquina del miedo (1999), es el responsable de esta coproducción cinematográfica basada en un relato propio, que llega después de películas como Ruleta (1999), Hombres felices (2001), El penalti más largo del mundo (2004), El club de los suicidas (2007) o Al final del camino (2009).

Iván es un chico de once años que es seleccionado para formar parte de un equipo infantil de fútbol que se enfrentará a los mejores jugadores del mundo. El partido, organizado con la intención de conseguir fondos para Grissau, una localidad africana en la que se ha producido un terremoto, potenciará la rivalidad entre ambos seleccionadores, y enseñará a los miembros del equipo infantil la importancia del trabajo en equipo.

Al igual que ya hicieron otros directores en películas como Quiero ser como Beckham o ¡Goool!, Roberto Santiago rescata el deporte como elemento integrador de culturas, en un filme irregular desde un punto de vista cinematográfico, con errores técnicos y de guión demasiado evidentes que hacen que en ocasiones resulte inverosímil. En muchos aspectos la obra acusa el pasado televisivo de su director -Santiago se rodea de actores provenientes en su mayoría de la pequeña pantalla-, así como una influencia estética de la cultura audiovisual sudamericana que no le ayuda nada.

Los valores que la película pretende transmitir –la importancia de la familia, la amistad, el trabajo en equipo o la honestidad- resultan empañados por  una visión de las relaciones de pareja fundamentalmente telenovelesca, que impide que el mensaje dirigido a los más jóvenes se transmita de forma inequívoca. La rivalidad entre el seleccionador del equipo infantil, Torres, y el del equipo profesional, proviene del hecho que la mujer del primero le abandonó por el segundo. A lo largo del filme Torres se enamora de su enlace de la FIFA, Amy, quien a su vez mantiene una relación con otro hombre a quien no abandona a pesar de haber empezado una nueva relación. Por otra parte, el triángulo amoroso entre Iván, su vecina Paula, y su rival Morenilla, resulta del todo innecesario y no hace sino confundir a una audiencia infantil a quien todavía le quedan algunos años para disfrutar del apasionado y dramático sentimentalismo de los telefilmes sudamericanos.

Algunos personajes como el abuelo de Paula –Antonio Resines- están construidos de manera muy confusa, y el desenlace de la película también resulta algo extraño en este sentido, ya que no ofrece una reconciliación entre Iván y Morenilla ni entre los dos seleccionadores, si bien Torres y Amy acaban casándose en una especie de happy end no muy propio de una película infantil. La loable intención del director de ofrecer una película de valor educativo resulta en una producción mejorable que solo puede ser recomendada en líneas muy generales.

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