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Emma y el jaguar negro

Crítica

Público recomendado: todos

Emma es un adolescente que vive en Nueva York con su padre. De niña creció en la selva amazónica, donde encontró y crio un jaguar negro. Allí murió su madre, víctima de la violencia de los traficantes de animales. Años después, cuando se entera que el jaguar es el último superviviente de su especie y que las bandas quieren capturarle, decide volver sola a la selva amazónica a buscar al animal y salvarle de los traficantes.

Hasta aquí todo bastante increíble, pero hay más: la profesora de Emma -ambas se odian cordialmente- asombrosamente acaba comprando un billete para irse con Emma a la selva para protegerla e impedir que viaje sola. Todo es bastante desconcertante, pero una vez superados estos baches y sinsentidos, la película funciona muy bien, salvo por algunos discursos que, siendo necesarios, resultan cargantes.

Lo mejor: los maravillosos escenarios naturales que son un regalo para la vista; el jaguar y su amistad con Emma (Lumi Pollack). Y la profesora (Emily Bett Rickards), una joven pija, nerviosa, puntillosa y con altibajos emocionales que resulta de lo más divertido y que va ganando todavía más puntos según se adentra en la historia y se va asilvestrando. Lo peor: la artificialidad de las disertaciones medioambientales y colectivistas, que no son muchas, pero las suficientes para llamar la atención. El desperdiciado personaje del padre, intrascendente y desaparecido en la historia. Y los malos, que son tan básicos y diabólicos que resultan una caricatura.

Es comprensible que aparezcan esos discursos estando detrás de las cámaras el director Gilles de Maistre y la guionista Prune de Maistre, también responsables de El lobo y el león (2021) y de Mia y el león blanco (2018). La pareja artística es también pareja en la vida real y su carrera se ha centrado en la defensa del medioambiente, la paz y los derechos de los animales. Pero en el cine, los discursos funcionan con cuentagotas. Afortunadamente, la mimada puesta en escena hace de contrapeso visual.

Si uno es capaz de suspender la incredulidad -un ejercicio muy sano-, superar la carga discursiva y va con ganas de disfrutar, sin duda pasará un rato más que divertido con la película. La historia es amable, para todos los públicos, el jaguar es precioso, la vista se recrea con los escenarios naturales y, en general, el ritmo no decae.

Javier Figuero

https://www.youtube.com/watch?v=bgILujZwPt4

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