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En tierra de santos y pecadores

Crítica

Público recomendado: +16

Liam Neeson se ha especializado en los últimos años en películas de acción donde interpreta a hombres “con una serie de habilidades muy específicas”, como dice un célebre diálogo de una ellas. En definitiva, profesionales del oficio de matar que son capaces de resolver tramas por ellos mismos. En tierra de santos y pecadores parece querer venderse como una entrega más de esta corriente, y en cierta manera tiene muchas similitudes con esas películas, aunque intenta (sin demasiado éxito) aportar algo más.

1974. Finbar Murphy es un veterano de la II Guerra Mundial que lleva una vida aparentemente tranquila en un pequeño pueblo irlandés, en teoría como comercial de libros. Pero en realidad trabaja como asesino a sueldo para un capo local. Murphy planea retirarse, pero la llegada de un comando del IRA que se oculta después de un atentado complicará las cosas.

Existen ciertos parecidos entre la historia de En tierra de santos y pecadores y la del clásico western Sin perdón (Clint Eastwood, 1992). En ambas encontramos a veteranos asesinos a sueldo que pretenden alejarse de la violencia, sin conseguirlo. El tono crepuscular, la idea de frontera, los forasteros que vienen a ocasionar problemas… incluso la música, teniendo cierto sabor irlandés, remite al género del western. Pero las comparaciones no pueden ir mucho más allá, ya que mientras la película de Eastwood se convierte en una reflexión sobre la violencia y la marca permanente que deja en el alma, la nueva película de Neeson se limita a dar unas cuantas pinceladas superficiales acerca de esos temas.

El director, Robert Lorenz, ya había estrenado hace tres años una película muy similar, con Neeson interpretando prácticamente el mismo personaje, El protector. En aquella ocasión, el entorno fronterizo era Arizona.

Dicho lo cual, En tierra de santos y pecadores es una película decente, entretenida, razonablemente bien rodada e interpretada. Y con una sensata duración alrededor de los 100 minutos, lo cual se agradece en tiempos de excesos narrativos.

A pesar del sugerente título, en la película no se trata tema religioso alguno, al margen de un par de diálogos y una localización de un momento importante del tramo final. El subtexto, escaso pero presente, gira más alrededor de la conciencia. No es demasiado sutil que el personaje de Neeson ande leyendo Crimen y castigo de Dostoyevski durante toda la película, pero se agradece el intento.

En definitiva, otra película con Liam Neeson resolviendo una situación a balazos, aunque con un leve intento de profundidad.

Federico Alba

https://www.youtube.com/watch?v=jmyWDPrD5Dc

 

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