Lunáticos

Crítica

Público recomendado: Todos

Correcta traslación a la pantalla de la excelente novela infantil germana El viaje del pequeño Peter a la luna de Gerdt von Bassewitz.  Más de un siglo, 1905, año de creación literaria. Y la primera película de animación del siempre solvente director alemán – de origen iraní – Ali Samadi Ahadi deviene una buena, por momentos estupenda adaptación. Aterriza en nuestra patria común, España, gracias a la magnífica distribuidora Flins & Pinículas (Dragon Rider; Amundsen; La abeja maya, los juegos de la miel; Alfie, el pequeño hombre lobo…).

Atropellado, burtoniano y algo ebrio celuloide, nos encontramos con Peter. Anhela ser astronauta como su padre. Y lo consigue. Pero antes se nos proporciona el porqué: un hada intentando evitar que los humanos corten un árbol, lo envía por “error” a la Luna con algunos de los insectos que lo habitan y la pata de otro de ellos. Viaje exterior e iniciático, pues.

Viajar a la Luna, operación de rescate y rescates, fraternos y no, auxiliando a un sin par escarabajo verde a recuperar la citada pata perdida, todo ello con la colaboración del Hombre de la Arena. En comandita, deambularán a través de la Vía Láctea. Eso sí, el cobardón y descuajeringado escarabajo tendrá que encontrar al Elegido. Y cobardeando se perderá.

Y en tal singladura espacial se toparán, ubérrimos personajes, con el Hada Nocturna, vegano y desnortado ente, combatirán también al impío Hombre Luna, siempre custodiado por su eléctrica y “electrizada” chorba. Por el espacio exterior veremos criaturas legendarias, carreras espaciales, narcolépticos personales al estilo del inmortal Conejo Blanco de Alicia en el país de las maravillas, además de tropezarse con criaturas color malva, calculado y conseguido híbrido entre los ditirámbicos Minions y los fascinantes Oompa-Loompas de Charlie y la fábrica de chocolate.

Narración bastante – y faustamente – caótica y atropellada y anárquica, Lunáticos deviene por momentos difusa y enmarañada cinta sin hallar un senderear claro y razonable. Posee luminiscentes destellos, cierto, pero raudamente se desvanecen. Apuntar sin dar.

Eso sí, visualmente, un prodigio: la magistral e hipnótica manufactura de sus imágenes, su diseño y sus lujosos detalles y filiaciones fílmicas son lo más reseñable de una película que se disfruta sobre todo con la mirada. La virtud en la mirada, pues. Y “pequeños pasos para el escarabajo, grandes pasos para la escarabajidad”.Y la fraudulenta y estafadora NASA, como siempre, yéndose de rositas. En fin.

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