Men

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Movie Details

Título original
Men
Director
Alex Garland
Géneros
Terror, Misterio, Suspense
Sinopsis
Tras sufrir una tragedia personal, Harper se retira sola a la hermosa campiña inglesa con la esperanza de encontrar un lugar para cerrar sus heridas. Pero alguien o algo de os bosques que la rodean parece estar acechándola. Lo que comienza como un temor latente se convierte en una auténtica pesadilla, habitada por sus recuerdos y miedos más oscuros.
País
 Reino Unido
Duración
1 h 40 min
Estreno
20 mayo 2022
Certificación oficial
R
Reparto
Jessie Buckley, Rory Kinnear, Paapa Essiedu, Gayle Rankin, Sarah Twomey, Zak Rothera-Oxley, Sonoya Mizuno

Crítica

Público recomendado: + 18

Alex Garland iba camino de perder el mojo al exponernos a la locura inescrutable de Anihilation (2018), sobre todo después de una muy lograda Ex machina (2014), un thriller de ciencia ficción que nos dejaba, no sin dosis de humor, un asunto recurrente para él: la emergencia de una fuerza femenina en un micromundo masculino cerrado, edénico. Si bien Ex machina iba sobre la capacidad de los seres humanos para hacerse daño, tiene asimismo una carga bíblica, filosófica, que enlaza con los siguientes trabajos del director inglés. El más reciente, Men (2022) tiene más bien sobrecarga: si Anihilation era gaseosa, Men («hombres») está directamente para preguntarle a Garland si se encuentra bien, si le hace falta un abrazo.

 

Más cerca de (Des)Madre! (2017, Darren Aronofsky) que de aquello que llaman folk horror y su representación de las fuerzas paganas como motivo de terror –presentes en Men en su amplitud de interpretaciones y digresiones– la cinta de Garland está sobrealimentada, obesa, adiposa, preñada de alegorías desordenadas y caóticas. En una de las escenas la protagonista llama por teléfono a emergencias. «Explique lo que está pasando, por favor», dice la operadora. Pues eso.

Harper (Jessie Buckley, lo mejor de la cinta) llama a la policía porque hay un hombre desnudo en el jardín de la casa de campiña inglesa que alquiló para descansar tras un trauma vinculado a la muerte de su marido, James (Paapa Essiedu). La casa es preciosa, rodeada de un bosque, unas viejas vías de tren, tiene cerca una antigua iglesia y un pub. Su dueño, Geoffrey (Rory Kinnear) parece amable y atento. Las escenas de la estadía de Harper allí se ven interrumpidas por analepsis a su vida con James, quien, como iremos descubriendo muy pronto, era sumamente peligroso. Así, y con un plano burdo de introducción al jardín de la casa donde Harper coge una manzana del árbol y la muerde, vemos a la protagonista tratar inútilmente de llevar la culpa, el luto, la rabia y el trauma de su relación pasada, solo para verse complicada por la aterradora presencia del hombre desnudo que la sigue y la observa. Como si esto fuese poco, no será el único que la atemorice: todos los hombres (que, de nuevo, muy burdamente, y puesto que para enfatizarlo no era suficiente el título de la película) son literalmente el mismo hombre: Rory Kinnear interpreta a todos los personajes de la aldea. Es decir, y por si acaso no era asaz obvio, son El Hombre. Y, a pesar de la fachada amable de algunos, son incompetentes, morbosos, crueles y violentos. Malvados y ya está, como si el guion fuese de Shulamith Firestone.

Si esto no ha hecho todavía que se quiera abandonar la idea de dejarse una hora cuarenta minutos viendo Men, hay más. Declaraciones de Garland a propósito de esta cinta: «Intento hacer películas que tengan argumentos, si los quieres, pero que tampoco los tengan si no los quieres». Nos queda claro. Con un desenlace excesivo, cronenbergiano, muy a tono con la alegoría, la metáfora o el mono disparatado y convulso del director, Men resulta tontamente complicada y prepotente, poseída por la endemoniada ideología de género, pues lo único que queda claro en aquella maraña de símbolos es que la naturaleza masculina es malvada. Es hilarante ver las reseñas de críticos de medios de izquierdas, el público natural de la cinta: como tiene lo que quieres y lo que no también, unos la detestan y otros la aman, los primeros porque interpretan que la película constituye un acto de mansplaning, y los segundos porque aseguran que el patriarcado es exactamente como una película de terror. Lo que aterroriza de verdad es a cuál diosa atávica busca complacer Garland al hacer semejante exposición de principios. Sospecho que a la misma que ha tomado a buena parte de Occidente, ya sabemos para qué.

 

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