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Nieva en Benidorm

Caratula de "" () - Pantalla 90

Crítica

Público recomendado: +16

Isabel Coixet es ya una prolífica directora que empezó su carrera con títulos de gran altura, como Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras o Elegy. Se trataba de dramas con hondura, desarrollados con frescura y autenticidad. Al final de esa etapa empezó a hacer mucho documental político, demasiado al hilo de la agenda de los medios de izquierda, y con la película Mapa de los sonidos de Tokio (2009) dio un giro en su perspectiva antropológica. Coixet siempre había abordado cuestiones como la incomunicación, la maternidad, el dolor y la sanación, la convivencia con la muerte, la belleza herida, el viaje hacia el otro, ofreciendo una alternativa más o menos luminosa al drama de los personajes. En Mapa… sucumbe a un escéptico nihilismo que encierra a sus personajes en una rabiosa soledad. A partir de ahí firma títulos muy dispares –Mi otro yo, Nadie quiere la noche, Ayer no termina nunca,…- con méritos indudables, pero siempre por debajo de sus primeras cintas, tanto en puesta en escena como en perspectiva dramática. Con La librería (2017) remontó un poco el vuelo para volver a volar muy bajo con Elisa y Marcela (2019). Al final de esta irregular pero descendente trayectoria aparece Nieva en Benidorm. ¿Qué encontramos en ella?

Peter (Timothy Spall) es un británico de Manchester al que acaban de prejubilar por sorpresa. Es un buen hombre, pero con una existencia muy gris y solitaria. Hace más de diez años que su hermano Daniel se vino a vivir a España, a Benidorm, y desde entonces no se ven. Así que Peter decide viajar y pasar una temporada con su hermano. Pero cuando llega no está. Parece que ha desaparecido hace unos días. Empieza a investigar en el entorno de Daniel y a darse cuenta de que su hermano no era precisamente lo que él creía. Este argumento, demasiado parecido a El tercer hombre, se convierte en manos de Coixet en una cinta melancólica, crepuscular y triste. La película está atravesada de perdedores, de personajes mortecinos a pesar de su cierta bondad. Pero el guion tampoco nos permite empatizar demasiado con ellos. El personaje de la fetichista mujer de la limpieza es sin duda el más insatisfactorio y decepcionante de todos, a pesar de querer ser el más intrigante.

Quizá lo más personal -y lo más poético- del film esté en las metáforas meteorológicas y en el homenaje a la ciudad de Benidorm (lo cual ya es bastante meritorio). La cinta se deja ver, y atrapa en momentos puntuales, y se sostiene en parte por la interpretación del gran Timothy Spall. Pero seguimos esperando la vuelta de la gran Coixet. Confiamos en que lo hará algún día.

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