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Puan

Crítica

Público recomendado: +18

 

 

Recientemente las salas de cine españolas acogían el estreno de la estereotipada y premiada comedia dramática Puan -de cierto tufo político- (Mejor guion y mejor actor (Marcelo Subiotto) en la última edición del Festival de cine de San Sebastián), en la que trabajan juntos y por primera vez la actriz argentina María Alché y el también cineasta bonaerense Benjamín Naishtat, artistas jóvenes que han asumido los roles de guionistas y directores. Distribuye La Aventura Audiovisual.

En esencia, Puan -así se llama la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires- sigue los pasos de Marcelo (Marcelo Subiotto), que ha dedicado su vida a la enseñanza de filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Cuando repentinamente Caselli muere, su mentor, Marcelo asume que heredará la posición de titular de la Cátedra que ha quedado vacante. Sin embargo, lo que no se imagina es que Rafael Sujarchuk (Leonardo Sbaraglia), un carismático y seductor colega, regresará de su pedestal en las universidades europeas para disputar esa misma Cátedra. Los torpes esfuerzos de Marcelo por demostrar que es el mejor candidato desencadenará un duelo filosófico, mientras su vida y el país entran en una espiral de caos.

Sin mucho acierto, el guion pretende afrontar la crisis de los ideales, una pedagogía con más criterio, el sentido de la existencia y otros jarabes al uso sin una línea que defina cada una de estas propuestas, si bien es cierto que la película se sirve nombres de filósofos y pensadores de raigambre política firme para dotar a la película de un armazón que sostenga un poco mejor su frágil propuesta educativa, que está en el fondo del conflicto entre docentes.

Entre otras cosas, Puan intenta combinar el drama doloroso y acuciante que demanda nuestra existencia con la comedia, a fin de rebajar el tono de aquel género con resultados pocos satisfactorios. Esta falta de coherencia en la comedia da paso a un desequilibrio en la narración y, en consecuencia, a que nos topemos con situaciones metidas con calzador. Ello afecta a las emociones de nuestros protagonistas, que a pesar de que están bien definidos, sus roles no terminan de generar química. Al mundo taciturno de Marcelo le sobrepasa el de Rafael por su carisma. Bien está. Pero ninguno de los dos parece sentirse cómodo. O al menos les falta fuelle, puesto que cada uno por su lado está poco aprovechado.

Y en mitad de esta almagama se produce, eso sí, una interesante reflexión sobre la educación y sobre las cuestiones vinculadas a docentes por sus condiciones de precariedad laboral, que pone en valor la figura del profesor que ama su trabajo y que está más allá de la propia vocación, pero que después la película desluce introduciendo la cuestión política con peleas sindicales y protestas de los estudiantes, de modo que lo que podría haber sido una mirada crítica y fiel al mundo universitario se queda solo en una propuesta cinematográfica entretenida pero de modesto estímulo.

José Luis Panero

https://www.youtube.com/watch?v=LLtQFtZzAn8

 

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