Respect: La historia de Aretha Franklin

Llega la Reina.

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Movie Details

Título original
Respect
Director
Liesl Tommy
Géneros
Música, Drama, Historia
Sinopsis
El ascenso de la carrera de Aretha Franklin desde una niña cantando en el coro de la iglesia de su padre hasta su estrellato internacional.
País
 Canada,   United States of America
Duración
2 h 25 min
Estreno
12 agosto 2021
Certificación oficial
PG-13
Reparto
Jennifer Hudson, Forest Whitaker, Marlon Wayans, Audra McDonald, Mary J. Blige, Marc Maron, Tituss Burgess, Saycon Sengbloh, Hailey Kilgore, Tate Donovan, Skye Dakota Turner, Heather Headley, Leroy McClain, Lodric D. Collins, Brenda Nicole Moorer, Brandon Gilpin

Crítica

Público recomendado: +16

Los que nacimos en los 70, veíamos a finales de los años 80 Cerca de las estrellas, el programa de los viernes por la noche donde Ramón Trecet elegía y comentaba un partido de baloncesto de la NBA; eran tiempos de la gloria: Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barclay… La sintonía de aquel mítico programa era Faith, aquel temazo de George Michael, ya en solitario tras Wham!, y su ristra de melodías eternas. Por aquel entonces, los que nacimos en los 70, sabíamos más de George Michael y de Wham! que de la cantante más admirada por George Michael: Aretha Franklin. Juntos grabaron una maravillosa canción: I knew you were waiting. Esa fue la primera vez que escuché a Aretha Franklin.

Pero después, hubo un avance atípico en el descubrimiento musical. Normalmente te gustan las canciones, de ahí pasas a interesarte por los artistas que las cantan, hasta que llega un momento que casi todo lo que hacen tus grupos o cantantes preferidos te gusta. El avance atípico se produce cuando te cuentan que hubo productores que descubrieron y grabaron a los grandes dioses del olimpo del rock: Sam Phillips en el sello Sun Records; los hermanos Chess en la casa Chess de Chicago, Berry Gordi con la Motown en Detroit, y Ahmet Ertegun y Jerry Wexler en la casa Atlantic, o el soul de Stax. Pequeños sellos al principio, pero inmortales y parte de la Cultura con mayúsculas del siglo XX. A partir de ahí, uno otorga voto de confianza a lo que salió de estas discográficas durante años y se hace difícil que no te guste lo que salía de allí: el gran tesoro de la música negra, la música que ha cambiado nuestras vidas para siempre.

Quiero reivindicar el nombre de “música negra” porque es un título de gloria. Pero entiendo que no guste. No en vano los americanos, ya desde los años 20 del pasado siglo fueron eliminando este nombre, por sus connotaciones negativas y pasaron del “race music” a “rhythm and blues”, luego r’n’b. Sea. No hay problema, siempre que se entienda que cuando hablo de música negra quiero decir la “gloriosa música negra”. La comunidad afroamericana de los USA nos ha regalado en el siglo XX un tesoro inigualable y sin ellos no hubieran existido ni Elvis Presley ni los Rolling Stones, y no sé si los Beatles hubieran llegado a amar el rockanroll si no hubieran escuchado nunca a Little Richard.

Amigo lector, si ha llegado hasta aquí, es un héroe. Este recorrido personal me sirve para enmarcar lo que vamos a ver en Aretha. Es una odisea, no es solo un biopic, la mera vida de una cantante de soul y de pop. Un viaje, más aún, el cruce de un Rubicón, la caída de las murallas de Jericó, un movimiento trascendental de la historia de la cultura.

Aretha Franklin, hija de un pastor protestante, amigo de Martin Luther King, ha recibido un don maravilloso de Dios: una voz portentosa, capaz de estremecer y de deleitar como pocas voces. Su infancia será mucho más feliz y segura que la de otras de las divas del blues y del jazz, como Ma Rainey o Billie Holiday (son imprescindibles las recientes Ma rainey, la madre del blues o Billie Holiday contra los Estados Unidos), pero también sufrirá en su vida violencias y maltratos, también conocerá el éxito reservado solo a la élite moradora del olimpo de los dioses del rock y del pop y tendrá su particular infierno de los excesos. En esto, son muchas las películas que nos cuentan este viaje.

En Aretha, uno de sus grandes logros lo tenemos en la recreación del proceso creativo, cómo una idea, una canción, un estribillo o una armonía vocal puede irse transformando, gracias a la química entre músicos, al entorno y al talento individual en una obra de arte comparable a las grandes pinturas o esculturas. La canción que da título al film, Respect, era una pieza compuesta y cantada originalmente por Ottis Reding, difícil de superar por su titánica fuerza vocal, pero la versión de Aretha, sorprendemente, logró superarla, elevándola a himno inmortal.

La cuestión racial, presente en toda la película, no alcanza los tintes dramáticos de otros buenos biopics, como Ray o la referida Billie Holiday contra los Estados Unidos, en que ocupa el centro del argumento y algunas más lejanas en el tiempo como Cadillac Records. No en vano, muchos artistas habían ido desbrozando el camino; incluso en cuanto a la aceptación popular del estilo musical, Aretha vive una época en que las barreras en la audiencia están casi desaparecidas: los chicos blancos vienen fascinados desde principios de los años 50 por la fuerza de la música negra. En los 60 con Atlantic y la Motown la música negra tiene un destinatario universal, ya no es música de nicho.

En Aretha, hija de pastor protestante, parte de su vida ha sido la lucha contra la injustica y la discriminación racial y su música ha estado al servicio de la misión y predicación de su padre, figura compleja, sobreprotectora del talento de su hija, con quien el conflicto tarde o temprano tendrá que llegar.

La película trata con gran cariño a Jerry Wexler, el mítico productor de Atlantic (curioso que no aparezca ni un segundo el gran fundador de Atlantic, Ahmet Ertegun) que desde el momento cero entendió y apoyó el talento de Aretha: libertad creativo y puesta a su servicio de los mejores medios que incluían, entre otras cosas… músicos blancos. De los mejores momentos de la película. Canela fina.

Un tema secundario, pero que se trae a colación en momentos claves, y que forma parte de la historia musical del siglo XX es el papel que jugó la música gospel, como la música en la que se formaron decenas de grandes vocalistas de los años 40, 50 y 60 y con la que llevaron al reino de la música pop la fuerza, la intensidad, el deseo, la herida y la sanación de la música de iglesia (protestante). Recientemente hemos disfrutado con el documental Amazing Grace, el concierto con que la ya consagradísima estrella del pop, Aretha Franklin quiso rendir homenaje a la música de sus orígenes, cantando para Dios, en quien nunca perdió la fe.

Igual que muchos biopics, la película echa el telón demasiado pronto en la vida de Aretha. Quizá los sesenta son unos años tan convulso y tan intensos que la vida de los artistas ya no volvió a ser lo que eran. En los 60 eran entertainers y líderes sociales; desde entonces hasta hoy, entertainers con nostalgia de los tiempos perdidos; aquellos en los que no solo tenían un micrófono, sino también un púlpito.

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