Untouchable

Escucha las voces que el poder no pudo silenciar

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Movie Details

Título original
Untouchable
Director
Ursula Macfarlane
Géneros
Documental
Sinopsis
Magnate. Visionario. Genio. Harvey Weinstein era el titán de Hollywood hasta que sus víctimas hablaron y el movimiento #MeToo amplificó sus denuncias a lo largo y ancho del mundo. Acosador. Abusador. Violador. Chantajista. Ahora sabemos lo que presuntamente es y su modus operandi. UNTOUCHABLE es un testimonio sincero, y por momentos doloroso, sobre sus métodos y los daños colaterales, relatado a través de sus víctimas, de sus ex compañeros de trabajo, de universidad, amigos de la infancia, periodistas… Sus declaraciones revelan cómo el magnate adquiere y consolida su poder durante décadas. Muchos de ellos hablan de esto ante una cámara por primera vez.
País
 United States of America
Duración
1 h 38 min
Estreno
20 junio 2019
Certificación oficial
Reparto
Rosanna Arquette, Hope Exiner D'Amore, Paz de la Huerta, Caitlin Dulany, Ronan Farrow, Louise Godbold, Nannette Klatt, Erika Rosenbaum, John Schmidt, Harvey Weinstein

Crítica

Público recomendado: Adultos

Cinematográficamente mediocre, narrativamente poco amena, estéticamente tosca y predecible, el artefacto de Ursula Macfarlane, Untouchable, retrata ramplonamente el cénit y derrumbe del magnate del cine independiente, Harvey Weinstein. Extremadamente arduo abrirse camino siendo un forastero en cualquier negocio dominado por un oligopolio. Esa sí que es la lucha de David contra Goliat. Hercúlea de tarea de los hermanos Weinstein, Bob y Harvey. Filmes indelebles de Miramax. Sus tres hitos iniciales/iniciáticos: Cinema Paradiso, Sexo, mentiras y cintas de vídeo y Mi pie izquierdo. Y sus gloriosas El paciente inglés, La vida es bella, Pulp Fiction. Referencia cinematográfica inexcusable durante los años noventa. Luego llega Disney y compra el emporio. Poco después, el escándalo de los escándalos. En ese sentido, el asunto del caso Weinstein ha tenido la honestidad de manifestar, con toda la preponderancia hollywoodense, su exuberante y abracadabrante fariseísmo. Hollywood se constituyó textualmente sobre la manipulación sexual. Por lo cual, toda la sórdida tabarra feminista se asemeja a una broma macabra. Burdo pretexto para  endilgarnos una cruzada inquisitorial que arrastra dos lustros de historia. Sobre todo de histeria. De masas. Paranoia de género, seamos exactos, fino bisturí semántico. Se trata, claro está, del #metoo.

El final del film de Macfarlane es explícito. Weintein, contigo comenzó todo. El liberticida, totalitario y supremacista fenómeno #metoo sirve tanto para una violación como para una proposición no correspondida. Sobre el movimiento #metoo se han determinado dos pseudoverdades, postverdades o fascinantes falacias. Una, las mujeres son siempre víctimas. Dos, las mujeres nunca mienten. Una violación es un crimen, desde luego, pero el ligue porfiado o desventurado no es un delito, ni la galantería es una acometida machista. Cualquier mujer razonable se halla suficientemente persuadida de que la pulsión sexual, sobre todo la masculina, es arriscada y bárbara por naturaleza. Pero las fronteras devienen quebradizas. Nos hallamos ante un trastornado cajón de sastre. Una aciaga e inquietante caza de brujas. Brutalísimos procesos de linchamiento. Cualquier acercamiento a una mujer puede ser estimado como acoso. La categoría “hombre”, preferentemente blanco y heterosexual, arrostra una culpa ontológica. De dimensiones casi teológicas. Cualquier denuncia es prácticamente una condena. Revolotean calumnias, injurias, medias verdades. Se pretende criminalizar el brío masculino para hacer vivir al hombre en un estado de incertidumbre y sometido a coacción, más o menos sutil, perpetua. La presunción de inocencia, triturada. La igualdad ante la ley, abolida. La tutela judicial, por el barro. En vez de ser el denunciante quien deba demostrar la culpa del denunciado, es éste quien debía probar su inocencia, lo cual es, obviamente, imposible. La inversión de la carga de la prueba. La justicia, definitivamente esfumada. El coito heterosexual va camino de ser una violación per se. El asunto es complejo, pero se prefiero disparar y luego preguntar. No hay redención para alguien que haya sido falsamente acusado. La vida y la carrera han concluido. Se decreta la muerte civil. Plácido Domingo, Woody Allen, Kevin Spacey.  Una brutal y fastuosa persecución que la feminizada y antimasculina sociedad occidental (especialmente Yanquilandia) ha pergeñado contra el  varón.

La misma relación entre poder y favores y mercedes es la que existe, o pudiese existir, entre un concejal de urbanismo y un promotor inmobiliario. O entre un profesor universitario y su alumna. En el cine ocurre exactamente lo mismo, ese estrechísimo vínculo entre el sexo y el poder. Su poroso tapiz. Su vidriosa textura. Su esponjoso tejido. Este nuevo feminismo neopuritano se halla impregnado hasta el tuétano de un hondísimo odio hacia los hombres y la sexualidad preferentemente fecundante. Hay multitud de actrices que van provocando a los productores para conseguir un papel. Nada nuevo bajo el sol,  Eclesiastés dixit. Algunas sin talento aparente, consiguieron fortalecer sus carreras gracias a conjeturados favores sexuales. También es cierto que apenas nunca elucubramos acerca de cuántas de ellas, quizás incluso con formidable capacidad, perdieron su oportunidad por negarse a satisfacer la avidez de unos depredadores a quienes el mando acopiado no hizo sino normalizar sus apetitos eróticos. Pagan justas por pecadoras. Pero en este asunto prevalece la maldad de tantas. Muchas recuperan súbitamente la memoria y dicen que sufrieron acoso. Se trata, en la gran mayoría de los casos, de denuncias ridículas, hipócritas, sin interés, fruto del resentimiento o de la venganza. O de otra manera de adquirir notoriedad. Con el dolorosa agravante de que metamorfosean en susceptible de delito lo que no son más que coitos de pésima calidad, banalizando por ende la gravedad de una violación.

Esperando un juicio justo: la única conclusión a la que se llega tras concluir el patético film de Macfarlane. En fin.

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