Visión

Crítica

Juliette Binoche es incombustible. No solo lleva más de 3 décadas dando guerra en el mundo del cine, sino que la película que se vanagloria con su aparición gana enteros.

Godard, Leos Carax, Louis Malle, Krzysztof Kieslowski, Anthony Minghella, Haneke, Ferrara, Cronenberg, Kiarostami son solo algunos de los nombres con los que ha trabajado: todos prestigiosos directores que decidieron contar con imponente presencia en pantalla. En 2018 estrena dos películas más: la interesantísima propuesta sci fi de Claire Denis High Life  y una nueva colaboración con Olivier Assayas, Non-Fiction. Ambas propuestas muy destacables y dignas de darles una oportunidad, pero como todo actor que se arriesga a trabajar en más de una película al año debe lidiar con un ligero asunto: que alguna “le salga rana”. El gato al agua ha sido para la presente película dirigida por la prestigiosa directora Naomi Kawase, que tras obras donde mostraba su enorme talento como Aguas Tranquilas y Una pastelería en Tokio en 2017 decidió que su cine tomara un rumbo más alegórico y místico. El resultado: una obra excesivamente pretenciosa, que no vacía, y demasiado interesada en recrearse en sus ambiciones que por cumplirlas.

La historia nos presenta a Nara, una periodista francesa que busca una planta con propiedades mágicas para curar una dolencia del alma. En el bosque donde emprende la búsqueda conoce a un japonés retirado de la vida del ruido y que solo busca la paz. El aire místico y fantástico que rodea a la cinta durante todo su metraje pesa; y pesa tanto que acaban por hundirla en una mar de imágenes alegóricas, una narración que cambia bruscamente en torno a la mitad del metraje para que el presente y el pasado se fundan en uno, y un excesivo número de licencias que no terminan de cuajar, como la barrera cultural que separan el mundo del japonés y el de la francesa. Demasiado incoherente. Una vez comprendido todo, la película se ve como un poema a la naturaleza, una carta de amor al universo nipón tradicional que abusa de lirismo hasta acabar en un final plomizo y que deja al espectador clavado en la butaca con la sensación de no haber entendido nada.

En resumen: cine para minorías, pero de mal talante y excesivamente pedante que deriva en una parte final digna de un von Trier extasiado y loco. Kawase quería realizar su obra más personal y por el contrario ha creado la más olvidable dentro de una filmografía que necesita volver a tomar su rumbo inicial.

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