23 abril, 2019

Press

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Si hace unos años pudimos disfrutar de la quijotesca serie The newsroom sobre periodismo, cuyo guión estaba escrito por Aaron Sorkin, este año le toca el turno a Press, una producción de la productora Look Out Point, distribuida por BBC One con lo que ciertos estándares de calidad están garantizados. Esta miniserie de 6 episodios ha sido creada por el guionista Mike Bartlett, aunque ha sido dirigida por Tom Vaughan, autor de la estimable película Medidas extraordinarias y de la fabulosa serie Victoria.

El caso es que esta producción televisiva gira en torno a dos periódicos británicos  ficticios que tienen diferentes enfoques en el  tratamiento de la información, pues el Herald es un periódico serio de izquierdas frente al Post que es el típico medio de prensa amarilla tremendamente sensacionalista. El Herald representa a esos medios que intentan regirse por su búsqueda de la verdad, cueste lo que cueste, y digan lo que digan con cierta delicadeza. Se puede ver como se cuestionan la conveniencia de tener publicidad o no para poder mantener su independencia informativa. Por otra parte, el Post recuerda a todas las grandes cadenas de televisión españolas que van de la 1 a las 6 que buscan tener audiencia a toda costa exagerando los hechos; faltando a la verdad o manipulando la información con tal de ganar un espectador más que la cadena rival.

El melodrama de los personajes es el otro aliciente de esta serie de televisión, aunque sus relaciones de pareja  buscan casi siempre el hedonismo y no están vinculadas al compromiso.  Las relaciones de pareja, valga la redundancia,  son inestables.  Sin embargo,  algunos personajes casados tienen cierta sensibilidad y se plantean no separarse por no hacer daño a sus hijos.

El mayor peso dramático recae  en los dos periodistas rivales, personajes interpretados por Ben Chaplin y Charlotte Riley, que mantienen una misteriosa relación profesional y de amistad y que tienen un par de escenas brillantes en una iglesia, conocida como la de los periodistas, donde da la impresión de que se confiesan entre ellos en presencia de Dios y donde queda retratada la  presencia o ausencia de ética y sus sufrimientos personales junto al desgaste psicológico que supone que el fin justifique los medios.

En contraposición con lo positivo, la serie es políticamente correcta, mostrando a las mujeres como un dechado de virtudes con algún defectillo insignificante con claros guiños a la ideología de género frente a los hombres que son mostrados como personas carentes de valores y a veces con grandes ausencias de escrúpulos,  no se salvándose ninguno. Finalmente da la impresión de que su creador da entender que los medios de comunicación conservadores no tienen el alto grado de ética de los medios  considerados progresistas, aunque había que plantearse realmente qué significa ser progresista.

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