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Unicornios

Crítica

Público recomendado: +18

La desaparición del yo. Este es el gran tema de esta película. El vaciamiento del yo propiciada por una sociedad que te va quitando todo y no te deja nada. Isa es una joven millenial en estado puro. Vive con su pareja, Guillem, pero ella está entregada al poliamor, y también tiene pareja femenina. Isa y Guillem tienen una relación abierta, y a veces practican sexo en tríos o cuartetos. Isa es militante feminista y trabaja como creativa en una empresa de publicidad volcada en las redes sociales. Flirtea con la cocaína y con drogas de diseño. Pero su aparente existencia indolora entra en crisis cuando Guillem decide cortar con esa promiscuidad y tener con Isa una relación exclusiva. Ella no está de acuerdo y Guillem rompe la relación. A partir de ese momento Isa vuelve a casa de su madre y comienza una huida hacia ninguna parte.

En la película de Álex Lora se nos van dando claves para entender el caos en que se ha convertido Isa. En primer lugar, unos padres fallidos. Ellos están divorciados tras una historia penosa con infidelidades. Su padre es el gran ausente. No le vemos en toda la película, únicamente oímos algún mensaje telefónico suyo. Se conforma con regalarle un móvil nuevo a su hija de vez en cuando. Como dice Isa en algún momento, sus padres no le han transmitido una buena experiencia monógama del amor eterno. Por otra parte, su madre tiene un amigo que a veces pasa la noche con ella, lo que asquea profundamente a Isa.

Otro elemento es el universo de las redes sociales. Isa vive esclavizada a su móvil, del que no se separa ni cuando está en la cama con su pareja de turno, fotografiándolo todo para subirlo a las redes y conseguir followers y likes. Fotografía hasta sus relaciones sexuales. Pero como le dice su jefe –otro impresentable, por cierto- en esas fotos no está su “yo”.

En tercer lugar, su ideologización feminista. Ve etiquetas antes que personas, y tiene una conversación sumamente interesante con un ligue argentino, en la que se revelan todas sus contradicciones y se pone de manifiesto cómo su feminismo ha perdido de vista la realidad en aras de estereotipos maximalistas. Otro factor evidente es la hipersexualización en la que vive Isa. Para ella el sexo es algo que se consume, no tiene implicaciones personales ni afectivas de ningún tipo. Al menos es lo que cree, y en la película vemos cómo cada vez las relaciones son más anodinas e incluso malencaradas, como la que tiene con el usuario de OnlyFans que ha conocido por internet.

La bofetada que Isa da a su madre al final del film lo dice todo. Es el reproche a unos padres que no han sido verdaderos padres, a unos adultos que no han sido verdaderos adultos, a unos referentes ideales que no han sido ni referentes ni ideales. Por eso después de la bofetada, Isa se arrodilla llorando ante su madre. Porque aunque su madre ha fallado, es lo único que tiene, lo único que le queda.

La película cuenta con una cuidadísima estética, porque Isa está obsesionada con fotografiar los pequeños detalles con la óptica macro de su móvil, y todo el film está atravesado de una cierta mirada contemplativa, pero fragmentaria. El montaje también rompe con las normas clásicas, ofreciendo una narrativa sincopada, paralela a la concepción deconstruida que Isa tiene de sí misma. Hay que advertir que Unicornios tiene muchas escenas sexuales o nudistas, aunque se nota que el director se ha impuesto claros límites a la hora de hasta dónde mostrar.

En fin una película muy interesante para analizar como diagnóstico cultural, pero no recomendable para todos los públicos.

Juan Orellana

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