Trance

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Movie Details

Título original
Director
Emilio Belmonte
Géneros
Sinopsis
Viaje al corazón de la música flamenca de la mano de Jorge Pardo, un artista esencial para entender la evolución del flamenco contemporáneo. Durante dos años, el director Emilio Belmonte y su equipo acompañan al mítico flautista y saxofonista del sexteto de Paco de Lucía en sus viajes por España y el mundo al encuentro de músicos excepcionales (Chick Corea, Niño Josele, Duquende, Ana Morales, entre otros) con el propósito de organizar un concierto especial, un espectáculo que se llamará TRANCE.
País
Duración
Estreno
Certificación oficial
Reparto

Crítica

Público recomendado: +12

Siempre me es difícil reconciliarme con una idea: todos los hombres somos iguales, pero algunos están “tocados” por un singular don, y ya no son tan iguales. Ellos son diferentes. Este es el drama que tan certeramente expresó aquel clásico Amadeus, arriesgado y sublime. Salieri reconoció que cuando Mozart componía, era Dios quien inspiraba. Y esta es la realidad asombrosa de los grandes músicos.

Trance no llega a este reconocimiento explícito pero la idea que subyace en el fondo apunta maneras. Jorge Pardo es uno de los músicos flamencos y de fusión más reconocidos del mundo. No fue un mero componente del mítico sexteto de Paco de Lucía, lo cual ya sería suficiente para dar cuenta de en qué rango artístico nos movemos. Jorge Pardo, flautista y saxofonista, no ha dejado nunca de avanzar, de investigar y de superarse artísticamente con su instrumento, alcanzando la gloria de los mejores escenarios y festivales del mundo, grabando con las mayores estrellas (de la talladle Chick Corea) o batiéndose el cobre en pequeños locales de jazz por el mundo, tocando para unas pocas decenas de entusiastas.

Muchas veces el precio que ha tenido que pagar ha sido alto: las relaciones de pareja se han resentido o su hijo le ha echado de menos por estar siempre de gira. Pero hay dentro del artista una llama que quema, ¿y puede dejar que se apague? Trance es el nombre de un concierto, largamente preparado y soñado por Jorge Pardo, en el que se rodeó de algunos de los músicos más virtuosos del mundo, cada uno con su instrumento: ya sea el violín, el arpa o la armónica, y sin importar la nacionalidad ni la raza, en aquel escenario, los músicos debían dejarse arrebatar por la música, y darlo todo, entrar en trance para arrebatar al público. ¿A quién se debe el músico, al público, a sí mismo, o a ese algo que le hace entrar en trance mientras toca?

Trance toma como punto central del relato la concepción de la idea de un gran concierto, de fusión, donde los mejores instrumentistas pondrán su arte al servicio de una fusión que nunca dejará de ser flamenca, pero que se verá enriquecida por la genialidad y la personalidad de cada músico. Hay espacio para todo y para todos, en un marco común, con piezas musicales de Jorge Pardo. Se renuncia al enfoque cronológico -propio de otro tipo de documentales que van recorriendo la vida del autor desde sus tempranas influencias-. Es, como decimos, documental casi sobre una obra. Como aquel Omega, de Enrique Morente con la banda de rock Lagartija Nick que dio lugar a la obra homónima, ya convertida en culto. La organización de un concierto de estas características deja heridas, sin sabores, frustraciones, supone una inversión económica cuya rentabilidad es incierta, pero algo empuja a Jorge Pardo a no desistir del proyecto, cueste lo que cueste.

Muchos otros son los aciertos del documental. Es curiosa esa suerte de cosmopolitismo que se establece entre los músicos de alto nivel, capaces de superar cualquier barrera a través de la música y de entenderse a través de una escala o un polirritmo. Escenas muy poderosas son también esas en las que un Jorge Pardo solitario, ya sea en el desierto de Almería o en una arboleda de la India interpreta la naturaleza que le rodea con su flauta. Emilio Belmonte, el director del documental no abusa de la figura de Paco de Lucía, que aparece en momentos muy determinados, sin eclipsar nunca a Pardo, pues no fue la única razón de su importancia artística; o muchos diálogos interesantes, como la necesidad de afianzar la distinción ocio-cultura, cuyos límites, nunca claros, están definitivamente borrados en los medios de comunicación. Podríamos seguir, pero no merece la pena; es más importante abandonarnos al documental.

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