27 agosto, 2021

The White Lotus

The White Lotus

Crítica

Público recomendado: +16

The White Lotus es una de las propuestas de la plataforma HBO para este verano 2021 y ya ha sido renovada para una segunda temporada. El primer capítulo comienza revelando que la semana anterior se ha producido una muerte en el resort de lujo “The White Lotus”, situado en la paradisíaca isla de Hawai. No obstante, la trama va más allá de saber quién ha muerto y quién ha sido el culpable.

Después del epílogo, se vuelve al inicio de esa semana y se presenta a los huéspedes a su llegada al complejo turístico. Se trata, efectivamente, de un grupo de clientes ricos y privilegiados que parecen tener éxito y su vida en orden, pero que, como seres humanos, albergan defectos y encierran dramas personales.

De este modo, aparece la familia Mossbacher, formada por Mark (Steve Zahn), que está convencido de tener cáncer de testículos y realiza un súbito descubrimiento sobre su padre; y su esposa Nicole (Connie Britton), célebre empresaria que desea ocultar sus problemas matrimoniales y familiares. Olivia (Sydney Sweeney), hija de Nicole y Mark, acompañada de Paula (Brittany O’Grady), representan a dos pijas universitarias que experimentan con las drogas al mismo tiempo que intentan mostrarse como políticamente correctas y pseudointelectuales. Quinn (Fred Hechinger), el otro hijo del matrimonio, es un adolescente introvertido y enganchado al móvil.

Rachel (Alexandra Daddario) y Shane (Jake Lacy) son una pareja de recién casados en su luna de miel, que aparentemente tienen todo para ser felices, pero que demuestran que tienen diferentes visiones de vida: él es un niño rico que piensa que todo se arregla con dinero y contactos y ella una periodista a la que le gustaría cumplir sus aspiraciones profesionales y no vivir del capital de la familia de su marido. Tanya (Jennifer Coolidge), por su parte, es una millonaria de mediana edad que viaja con las cenizas de su madre fallecida, un equipaje literal y metafórico para el personaje.

En el lado de los empleados se encuentra Armond (Murray Bartlett), gerente del hotel, exadicto, vanidoso y resentido con el comportamiento de ciertos usuarios, obligado a guardar las formas por su cargo; y Belinda (Natasha Rothwell), trabajadora del spa que sueña con tener su propio negocio, que establece una amistad con Tanya y que también experimenta sus propios desengaños.

En contraste con el idílico ambiente que les rodea, a lo largo de los 6 capítulos y a medida que transcurren los días, la tensión aumenta y se suceden entre los distintos personajes los conflictos: los líos, las mentiras, los celos, las discusiones, los deseos de revancha… Todo ello fruto, sobre todo, de las frustraciones personales. En mayor o menor medida, cada uno se encuentra sumido en un narcisismo autocomplaciente sin aparente redención en el horizonte, ya que no existe espacio para la autocrítica y la honestidad, para entenderse y entender al de enfrente.

Solo en el caso de Nicole y Mark, uno de los sucesos parece acercarles como pareja en un nivel más auténtico, humano y profundo. Igualmente, Quinn, aunque desorientado por su juventud y falta de verdaderos referentes, parece ser el único en despertar de la banalidad y absurdo de este tipo de existencia.

Bajo un halo de humor negro y cinismo, esta propuesta dirigida por Mike White (Iluminada), aunque ficcional y poco esperanzadora, sirve como retrato de la sociedad actual y para reflexionar sobre la deriva existencial en la que están sumidos muchos de los que nos rodean, que puede afectar a todos. Asimismo, anima a buscar el origen de los problemas y las verdaderas respuestas o soluciones, humanas y espirituales, para las distintas situaciones que, claramente, no son a las que recurren los personajes de The White Lotus.

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